A veces esperamos tan poco que lo que nos dan nos parece bastante, y algo así me ha ocurrido hoy con la
Turandot de
Les Arts. No estaba en el podio
Maazel, ¡con lo que me hubiera gustado escuchar su versión de esta última ópera de
Puccini y última también de
Maazel como director titular de la
Orquesta de la Comunitat Valenciana! En su lugar teníamos a
Patrick Fournillier, es su tercera ópera en
Les Arts, anteriormente lo habíamos visto dirigir
Cyrano de
Alfano e
Iphigénie en Tauride de
Gluck, sustituía a
Kynan Johns, que se ha marchado del coliseo valenciano por la puerta de atrás.
Fournillier contaba con dos inconvenientes: que, al parecer, no ha asistido a los ensayos como director asistente y que hoy era su única ocasión para demostrar lo que es capaz de hacer en una ópera que no pertenece al repertorio francés, que es con el que habitualmente se le asocia. Si
Mehta el año pasado nos deleitó con una
Turandot en la que todo venía rodado de una forma natural,
Fournillier ha ofrecido una
Turandot de contrastes en la que las tensiones y ritmo dramático han ido aumentando conforme avanzaba la representación poniendo especial énfasis en resaltar los elementos más modernos de la partitura. Me ha gustado pero me quedo con
Mehta.
Como princesa de hielo teníamos a la portuguesa
Elisabete Matos. No tiene la potencia y los medios idóneos para enfrentarse a la protagonista. La comparación con
Guleghina es casi inevitable. Pues bien, voy a compararlas. La Turandot ideal estaría en una mezcla de la materia prima con que cuenta
Guleghina y el saber hacer de
Matos. Salvo la inadecuación instrumental soy incapaz de poner un solo pero a
Matos, no la he llegado a encontrar forzada en ningún momento. Escénicamente ha sido muy creíble, sobre todo en la vertiente humana del personaje, pero, por los problemas apuntados, no ha dado con la imagen de princesa despiadada, en este aspecto punto a favor de
Guleghina.
El que sí que canta, y muy bien el
Nessun dorma, es
Francesco Hong, casi interrumpe la representación por los bravos y aplausos que se han oído, pero
Fournillier no ha querido parar, ha seguido y seguido hasta que el público ha callado. Fuera de su extraordinario
Nessun dorma ha estado correcto pero nada más que eso, con dificultades para hacerse oir en algunos momentos y problemas en la expresión dramática de las frases, por suerte para
Hong,
Calaf es un personaje bastante plano. Su timbre brilla y es muy hermoso en la zona alta pero su calidad desciende conforme van haciéndolo las notas, una pena porque podría ser un
Calaf de manual, lo más urgente sería corregir esos problemas idiomáticos -aquí quise decir expresivos-. Aquellos que esperen un héroe broncíneo y potente a lo
Mario del Monaco que se vayan preparando para lo contrario.
Alexánder Tsymbalyuk ha sido el mejor de la representación, lo había escuchado cantando esta misma temporada un gran
Titurel y hoy ha ofrecido un
Timur extraordinario, mucho mejor que el que recuerdo del año pasado.
No todo iban a ser inconvenientes en la función de hoy, me libraba de
Voulgaridou,
Liù ha sido
Hyun Kyung Son, joven soprano coreana alumna de
Mirella Freni, su
Signore ascolta, que había levantado aplausos, y su bello timbre, hacían presagiar una muy buena actuación pero al final no ha cumplido las expectativas creadas, que eran muchas porque su aria inicial ha sido realmente buena, lo mejor ha sido que hemos podido olvidarnos de la soprano griega.
Bien ha estado el trío
Ping, Pang, Pong (lo siento pero me dejé el programa en el coche, sólo recuerdo a
Vicenç Esteve) y el
Emperador de
Manuel Beltrán.
La puesta en escena ya la conocía, se nota que está más rodada, los trajes de
Turandot han aparecido en distinto orden, nada de acabar con la bata rosa -que esta vez estaba cubierta por un vestido de gasa negro que desaparece cuando queda prendada de
Calaf- sino con un vestido rojo digno de una persona imperial que hace juego con el que al final exhibe
Calaf.
Extraordinaria la labor del
Coro de la Generalitat Valenciana y
Orquesta de la Comunitat Valenciana, como es lo habitual en Les Arts, y que dure...
En el momento de los saludos, especial complicidad he notado entre la orquesta y
Fournillier, me ha llamado la atención la forma en que los músicos han aplaudido al director al subir al escenario, no sé, no sé... Pero no hagáis ni caso que son suposiciones mías. Y así lo ha visto hoy maac.