La norteamericana Jennifer Wilson - de la que se dice, tras haber representado por primera vez el Anillo completo en les Arts, que es una de las grandes Brünnhildes de la actualidad, ya sabéis que yo tengo mis reservas, me convence plenamente en la Primera Jornada y algo menos en el resto - debutó hace siete años en Connecticut con un rol para el que, tanto por su suficiencia en los graves -que tampoco son para lanzar cohetes-, belleza tímbrica en la zona central y, sobre todo, sus limpios e imponentes agudos, está especialmente dotada. No es de extrañar que fuera precisamente con este papel con el que debutara a principios de este año en el Covent Garden. Se trata de Turandot, uno de esos roles en los que sobran los dedos de una mano para enumerar las sopranos que han sido capaz de hacerle verdadera justicia. La escuchamos en una grabación de 2004 en la Ópera de Houston, estuvo acompañada por el tosco Calaf de Vladimir Galouzine:
Nunca había visto al público del Teatro de les Arts tan rendido ante un cantante como lo estuvo ayer ante Plácido Domingo, ni cuando él mismo vino al mismo teatro para cantar Cyrano, ni, en esta misma temporada, cuando cantó Iphigénie. Me consta que había venido mucho público de fuera de la ciudad para escucharlo en una de las últimas representaciones, si no la última, de uno de los roles emblemáticos de la etapa final de su dilatada carrera. Lo debutó junto a Waltraud Meier en Viena a finales de 1992. Domingo, en cuanto intérprete de Wagner (Lohengrin, Parsifal y Siegmund. Tannhäuser para el disco), tuvo que luchar desde el principio con el frente wagneriano más purista, sobre todo en España, hasta que un buen día fue contratado en Bayreuth, conviertiéndose en el primer y único tenor español que ha cantado en la Verde Colina, lo hizo por primera vez en el verano de 1993 con Parsifal, papel que debutó en 1991, después llegaría Siegmund, que lo cantó acompañado una vez más por la ya legendaria Sieglinde de Waltraud Meier, la dirección corrió a cargo del desaparecido Giuseppe Sinopoli. Desde entonces las críticas se fueron mitigando paulativamente y con el paso de los años, la edad del tenor y el milagro vocal que representa con cerca de setenta años -la verdadera edad de Domingo siempre se ha discutido-, pocos son los que se atreven a cuestionarlo en cuanto intérprete de Siegmund o Parsifal.
En la versión concierto que ofreció en Barcelona con Meier y Pape hace un año encontramos un Domingo que llegaba muy fatigado al final del primer acto, ayer no fue una excepción pero en líneas generales me pareció que llegaba un pelín más fresco. Liberado del esfuerzo que supone moverse todo el tiempo en la zona del pasaje, fue en el segundo acto cuando dio lo mejor de sí y demostró a los que cuestionan su capacidad dramática que hay actores muchísimo peores, Tostern Kerl, sin ir más lejos, que fue un mejor Siegmund en lo vocal, que no en lo dramático.
A pesar de que fue objetivamente -suponiendo que en estos temas se pueda ser objetivo- mucho mejor La Walkyria del primer ciclo, ayer, al salir del teatro, uno tenía la sensación de haber asistido a una función histórica, de esas que se cuentan a los más jóvenes al cabo de los años. ¿Será el de ayer el último Siegmund de Domingo?
Tenía previsto ilustrar la entrada con Meier y Domingo en Bayreuth pero no me da tiempo así que recurro a Youtube y os dejo a los mismos bajo la dirección de Muti en La Scala 1994:
Como seguimos con la fiebre Westbroek, os dejo unos vídeos de su Sieglinde en Aix-en-Provence 2007 con Simon Rattle a la batuta y dirección escénica de Stephane Braunschweig, acompañaban a Westbroek: Eva Johansson (Brünnhilde), Robert Gambill (Siegmund),Sir Willard White (Wotan) y Lilli Paasikivi (Fricka).
Ayer, al salir de El Ocaso de los Dioses, la última Jornada de la Tetralogía del Palau de les Arts -que nos la han vendido como la primera que se hizo en España de un tirón cuando lo cierto es que en Canarias la ofrecieron íntegramente en 6 días las huestes del Kirov con Gergiev, pero vale, sí, rectificamos, es la primera producida por un teatro español- una amiga me preguntaba cuál era la "ópera" -permitidme que emplee esta palabra- que más me había gustado de toda la Tetralogía. La verdad es que no sabía muy bien qué contestar, tras preguntar si se refería a la obra en sí o a la producción de la Fura, conté: "un, dos, tres" y dije: "El Ocaso" igual que podría haber dicho el Prólogo, La walkyria o Sigfrido. Mi amiga me dijo que a ella la que más le había gustado era La walkyria, yo, como no soy perfecto y ayer tenía un día bastante gilipollas, le contesté: "Sí, es la más asequible", encima le añadí retintín, cuando tales palabras salieron de mis labios quise morderme la lengua pero ya viajaban por el espacio. Hay días en los que convendría tener la boca cerrada.
Un gran acierto de la Tetralogía de la Fura, es su unidad, los mismos elementos utilizados una y otra vez, en circunstancias y con funciones distintas -el péndulo de los guerreros recogidos por las walkirias es la fragua de Siegfried o la habitación en la que Gutrune hace sus ejercicios en una cinta andadora que ya apareció en Siegfried-, con puntuales innovaciones -el dragón, la barca de Siegfried...-, tras el Prólogo. Quizás en El Ocaso, para retratar el mundo en decadencia de los Gibichungos, se separa un poco de la estética seguida anteriormente, pero da la casualidad de que también Wagner se había separado musicalmente en el Ocaso respecto al resto de la Tetralogía, esto ya fue tratado en una entrada anterior y no abundo en ello. Otro gran logro del Anillo de Les Arts, se lo debemos a Franc Aleu, es el uso de la cinematografía como elemento no sólo decorativo o escénico sino también narrativo, a veces se está describiendo el mundo en el que se desenvuelven los personajes e incluso, cuando se unen a la técnica del leitmotiv o cuando rememoran lo que los personajes han vivido o van a vivir, adquieren un carácter temporal que liga muy bien con ese ir y venir en el tiempo de la dramaturgia wagneriana. La lectura que hace Padrissa de la gran obra wagneriana es tan actual como sencilla: la destrucción de la naturaleza como consecuencia de la alteración del medio ambiente, para terminar con un mensaje de esperanza en el ser humano.
¡Habrá que señalar algún defecto! Ahora mismo se me ocurren dos: el exceso de estimulación visual -y eso que lo hemos mamado desde pequeños- que a veces nos distrae del hecho musical y la falta de contenido puramente dramático, de movimiento de actores, aquí permitidme que culpe tanto a Wagner como a Padrissa, lo dejamos en un 50% para cada uno. No voy a entrar en más detalles sobre la producción porque se ha dicho casi todo tanto en la prensa como en otros blogs amigos y porque estaría hasta mañana, sólo me gustaría decir algo sobre El Ocaso, que ha sido la "ópera" más polémica de las cuatro: Siegfried cantando cabeza abajo -no llega ni a tres minutos, un amigo lo cronometró y no es para tanto porque no canta en ese momento la forja de la espada-, la pistola con la que Hagen asesina a Gunther, la estética gibichunga "feista" (Titus dixit, no estoy de acuerdo pues es muy cercana a la cultura pop, al comic -también los paisajes industriales dibujados en blanco y negro- y al Kubrick de 2001, hablaría aquí de los desplazamientos de la cámara sobre el mundo industrial de los Gibichungos y su relación con los de las naves de la famosa película de Kubrick, pero si tomo ese camino no terminaría nunca). Cuando Brünnhilde, en el Ocaso, cae en la cuenta de lo duro del castigo que le había infligido Wotan y de la cruda realidad, las pantallas giran sobre sí mismas y aparecen por detrás, el efecto escénico que produce, además de estéticamente bello, es impactante. Ya se ha instaurado la costumbre que todo montaje que se precie tenga algún tipo de polémica, cuando uno contrata a La Fura además es que tiene que asumir que va a ser así, estos detalles que, para algunos, distorsionan el drama wagneriano o están fuera de lugar, yo los agradezco, no sólo sirven para que se hable de la producción sino que le aportan frescura y vitalidad, lo más desafortunado es el paseillo de Sigfried por el patio de butacas en un momento, la marcha fúnebre, en que la grandeza musical es tal que cualquier elemento añadido es distorsionador. Afortunadamente se han corregido algunos abusos visuales en la Segunda Jornada, el más significativo es el exceso de las florecitas en Siegfried -yo creo que el año pasado habia más, espero que la memoria no me falle- y el mejor tratamiento del espacio escéncio gracias a la modificación de la disposición de las pantallas en la última escena del tercer acto -si no recuerdo mal el año pasado había menor proximidad entre la pareja de enamorados-.
El bajo barítono finlandés Juha Uusitalo ha sido el gran triunfador del Anillo de les Arts, ya nos había gustado en las temporadas anteriores, si en La Walkyria del primer año le pudimos pedir mayor matización y una mayor dosificación del esfuerzo, este año no podemos ponerle ni un solo pero. Cuenta Uusitalo con una gran baza, su timbre es personalísimo, una vez que lo has escuchado es difícil de olvidar, y además no sólo ha mejorado mucho en expresividad sino que ha aprendido a dosificar el esfuerzo para llegar fresco a su gran momento, la despedida de Brünnhilde. No se me olvidará nunca el estupendo, por variado, monólogo del segundo acto de La walkyria -momento que puede ser terrible según quién lo cante-, además estuvo muy bien acompañado por Mehta y la orquesta de les Arts.
La estadounidense Jennifer Wilson fue Brünnhilde. Se han dicho muchísimas cosas de ella, todas muy buenas: que no tiene que envidiar nada a las grandes o que es una de esas cantantes que surgen cada veinte o treinta años. Yo no estoy de acuerdo pero soy consciente de que me quedo solo, hasta he llegado a dudar de mi propio criterio, ha gustado a toda la crítica y al 98% de los aficionados que conozco. Admiro su hermoso timbre en la zona media y, sobre todo, aguda pero, a pesar del esfuerzo que he hecho, sólo ha llegado a transmitirme emoción en contadas ocasiones, sobre todo en los actos segundo y tercero de La walkyria. En el dúo de Siegfried resultó espectacular pero no consiguió moverme ni una sola fibra. No sólo me parece que carece de expresividad vocal sino que escénicamente es un auténtico marmolillo -en este aspecto me parece que somos más los que coincidimos-.
Ahora hacemos una pausa para escuchar a otra Brünnhilde, no tan exultante en el agudo pero de mayor incisividad expresiva, se trata de la también norteamericana Christine Brewer, que el pasado 28 de mayo en la Berliner Philharmonie ofrecía un concierto con Simon Rattle y la O. Filarmónica de Berlín en el cantaba la escena final del Ocaso acompañada por la Waltraute de Karen Cargill, pero escucharemos sólo a Brewer en la Inmolación, desde ""Starke Scheite schichtet mir dort", esta soprano, una de las más reputadas Brünnhilde de la actualidad, iba a cantar en el Met en la despedida de la conservadora y ya casposa producción de Otto Schenk pero tuvo que cancelar a causa de un accidente de rodilla, la sustituyeron la americana Linda Watson y las suecas Irene Theorin y Katarina Dalayman.
Matti Salminen, de timbre oscuro pero muy cálido y brillante, no fue Hunding, Fafner ni Hagen, ES el Hunding, Fafner y Hagen de final del siglo XX y principios del XXI, a pesar de su edad se conserva en un fantástico estado vocal, su peor intervención -y es un decir- en lo estrictamente vocal la tuvo en el Ocaso inaugural, fue algo circunstancial porque conforme fueron pasando los días se fue creciendo; en lo puramente dramático-musical estuvo inconmensurable, escénicamente, dada su veteranía, a pesar de sus evidentes problemas de movilidad, estuvo también a un gran nivel. Un auténtico lujo.
Con el Siegmund del tenor alemán Torsten Kerl llegamos al póquer de ases. Otra gran voz que pareció desenvolverse con más naturalidad de lo esperado en los graves -en algún momento sorprendentes, hay que estar pendientes de cómo evoluciona en el futuro- que en la zona aguda donde estuvo sobrado pero mostró destellos excesivamente metálicos, pero son minucias, en la invocación a su padre, ofreció dos "Wälse" sobrados de fiato. En los dúos con Sieglinde saltaron chispas.
Y es que Sieglinde, Eva Maria Westbroek, nos lleva al repóquer. Más abajo encontraréis una entrada dedicada a esta gran soprano holandesa, que este año interpretará de nuevo la welsunga en Bayreuth, el éxito seguro que va a ser sonado y si lo sigue haciendo como en les Arts, se convertirá en una digna sucesora de Waltraud Meier, aunque a mí por su fuerza dramática hizo que me viniera a la memoria la gran Leonie Rysanek.
En un nivel inferior situaría el Siegfried del canadiense Lance Ryan, su timbre, leñoso y carente de homogeneidad, no es muy grato al oído, en todas las funciones en las que lo he visto ha ido mejorando conforme ha calentado la voz dando lo mejor de sí en el dúo final de Siegfried, no nos hizo sufrir, quién lo hubiera dicho después de escuchar lo reservón que estuvo en la escena de la fragua, supo dosificar el esfuerzo, ahí estuvo su principal virtud porque su canto no es muy matizado.
Muy correcto el Alberich de Franz-Josef Kapellmann y estupendo el Mime del sueco Niklas Björling Rygert, que ya cantó en una función del Siegfried del año pasado pero que no coincidió en ninguna de las funciones a las que asistí. Muy convincentes Anna Larsson (Fricka), Sabina von Walther (Freia), Elisabete Matos (Gutrune) y Catherine Wyn-Rogers mucho mejor por cuestiones tímbricas como Waltraute este año que como Erda el año pasado, bien Daniela Denschlag como Erda y Silvia Vázquez, Ann-Katrin Naidu y Marina Prudenskaya como Hijas del Rin. Marina Zyatkova como Pájaro del bosque no brillo especialmente, su intervención, que me pareció justita de coloratura, pasó desapercibida. En cuanto al papel de Gunther estuvo mejor servido por el sustituto del domingo, Stefan Stoll, que tiene previsto debutar Wotan y Der Wanderer en Karlsruhe, que por Ralf Lukas.
Excelente la Orquesta de la Comunitat Valenciana y el Coro de la Generalitat Valenciana, centrándome en El Ocaso, que es la Jornada que se estrenaba este año, decir que la orquesta, que nos tiene ya viciados, estuvo mucho mejor ayer que el día del estreno, el volumen tanto de la orquesta como del coro estuvo mucho más controlado por Zubin Mehta, no sé si por mi distinta ubicación. Quizás la dirección de Mehta no es genial ni profunda pero sí sabe hacer que la música fluya con naturalidad, lo cual es de agradecer, brilló especialmente en el primer acto de La walkyria y en los momentos más líricos de la partitura. Era mi primer Anillo completo y no podía tener mejor bautizo, lástima que por distintos compromisos no voy a poder asistir al Prólogo y dos Jornadas del segundo ciclo, sólo asistiré a La Walkyria del miércoles, habrá dos cambios en los principales papeles: Plácido Domingo será Siegmund y Stephen Milling sustituirá a Salminen como Hunding.
Ya sabemos que el Anillo completo se repondrá en Les Arts dentro de cuatro años, pero antes volverá La Fura con Les Troyens, ópera que inaugurará la temporada 2009-2010 y Wagner con Los Maestros Cantores. Yo del Palau de les Arts aprovecharía el tirón que ha dado Parsifal y La Tetralogía e intentaría abrirme un hueco, que lo hay, en el panorama operístico español siguiendo la estela del repertorio alemán, quizás no sea lo más popular pero ha quedado demostrado que es lo que más público foráneo atrae, es cuestión de ir sembrando y con el tiempo ya se recogerán los frutos. Veremos por dónde van los tiros en los próximos años.
Con todo el morro del mundo repito la entrada del domingo 17 de mayo. Se confirmó lo que escuchando en grabaciones me parecía evidente: Westbroek es una cantante de las grandes, ni proyecto ni nada, YA LO ES.
Nich sehre dich Sorge unm mich
(Sieglinde - Die Walküre: Acto III - Escena 1ª)
El Ocaso está cada vez más cerca, pero hoy no voy a hablar de la última Jornada de la Tetralogia, sino de una de las cantantes que intervendrá en el ciclo del Anillo programado en Les Arts en el próximo mes de junio. Sieglinde correrá a cargo de la soprano holandesa Eva Maria Westbroek, como Siegmund se alternarán Torsten Kerl (16 de junio) y Plácido Domingo (24 de junio), al frente de la Orquesta de la Comunitat Valenciana estará Zubin Mehta, el director, que hace unos meses renovaba su contrato con Les Arts por tres años más y que se ha encargado del dirigir el Anillo año tras año hasta completar el ciclo con Götterdämmerung en el próximo Festival del Mediterráneo.
Westbroek fue Sieglinde en Aix-en-Provence (2006, con la Filarmónica de Berlin y Rattle), en el Covent Garden y el año pasado en Amsterdam con Haitink, en Salzburgo con Rattle y en Bayreuth con Thielemann, saltó a la fama en 2006 como Katerina Ismailova en Lady Macbeth of Mtsensk de Shostakovich, de Wagner también ha cantado Elisabeth (Paris, 2007). Tampoco descuida a Verdi, ha cantado Desdemona (Otello), Aida, Leonora (La Forza), Elisabetta (Don Carlos) y Amelia (Un ballo), asimismo ha cantado Magdalena (Andrea Chenier), Ariadne (Ariadne auf Naxos), Chrysothemis (Elektra) y Jenufa.
El modesto Mortier parece que se atribuye la orientación de la soprano hacia el repertorio italiano: "Otra cosa que me encanta es encomendar nuevos roles a grandes cantantes a los que conozco y admiro: (...). No soy el tipo de director de ópera que telefonea a los agentes y les pregunta quién puede cantar ese rol. Eva Maria Westbroek, que hoy es la nueva gran estrella, ha cantado conmigo Elektra y La mujer sin sombra y acaba de tener un gran triunfo en París en Lady Macbeth de Mtsensk; es una soprano jügendlich dramatischer a la que he convencido para hacer los grandes papeles verdianos de Teresa Stolz: Amelia de Ballo, Leonora de Forza, Aida, el Réquiem; quiero que cante Don Carlo en Madrid."
Es una de las sopranos que más ganas tengo de escuchar en directo, se dice que su entrega en escena es total, su voz la conocemos por grabaciones radiofónicas, que no dan idea exacta de su volumen, al parecer considerable y no fácil de dominar, pero sí de la oscuridad y belleza de su timbre, su entrega y su fraseo claro y expresivo, su talón de Aquiles es la tirantez en el agudo como se pone de manifesto en su Minnie cantada en el Covent Garden bajo la dirección de Pappano, más abajo encontraréis un fragmento. Yo creo que la podemos considerar tranquilamente como la Sieglinde del momento, una digna sucesora de Meier.
La tenemos en Youtube como Sieglinde en una grabación del pasado mes de marzo con Clifton Forbis como Siegmund y Bernard Haintink en la dirección:
Otros fragmentos de su variado repertorio:
Pace, pace mio Dio (La forza del Destino) - Bruselas 2008
Es gibt ein Reich (Ariadne auf Naxos) - Amsterdam 2003
Laggiù nel Soledad (La Fanciulla del West) - ROH, Covent Garden 2008
Chrysothemis: Ich kann nicht sitzen (Elektra) - Paris 2005
La mamma morta (Andrea Chénier)
- Amsterdam 2006
Y para terminar un vídeo interpretando a Katerina Ismailova (Lady Macbeth of Mtsensk)en Amsterdam (2006), se trata de la magnífica tercera escena del primer acto en la que encontramos a una voluptuosa Katerina encerrada en una especie de jaula:
"Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."
No fue una soprano de entreguerras en sentido estricto, pero sí tuvo en esa época su máximo esplendor. Tiana Lemnitz nació en Metz (Alemania) un 26 de octubre de 1897. Debutó en Heillbronn a la edad de 23 años cantando la Undine de Lortzing, durante los años veinte cantó en la Ópera de Aquisgrán -Aachen- (1922-1928), de allí pasó a Hannover (1928-1933) y finalmente a Berlín (1934-1957).
Dicen que no le gustaba viajar, fue soprano invitada en las óperas de Dresde, Viena, Munich y en Salzburgo -las crónicas todavía recuerdan su magnífica Agathe de Der Freischutz en el festival de 1939-, excepcionalmente visitó el Covent Garden (1936 -Eva y Oktavian- y 1938 -Eva, Oktavian, Pamina, Elsa y Sieglinde-), Montevideo y el Colón de Buenos Aires (Jenufa), pudo haber cantado en el Met antes y después de la Segunda Guerra Mundial, nunca cantó en EEUU: primero, temporada 1939-1940, canceló por culpa de la gran guerra y más tarde, a principios de los cincuenta, porque declinó la invitación.
Fue la primera soprano que grabó íntegro el papel de Pamina de La Flauta Mágica (Beecham, 1938).
Se despidió de la escena con el papel de la Mariscala (Der Rosenkavalier) -Berlín 1955-.
Era la voz de Lemnitz, entre las sopranos líricas, una de las más hermosas que ha dado el siglo XX: pura, cálida, suave, aterciopelada.
De legendarios pianísimos, su estilo de canto era tan natural como refinado y expresivo, exquisita la forma de ligar las notas, sobre todo en el repertorio alemán -Mozart: Pamina; Weber: Agathe y las sopranos más líricas de óperas de Wagner y Strauss: Eva (Maestros cantores), Elsa (Lohengrin), Elisabeth (Tannhäuser), Sieglinde (La Walkyria), Oktavian y la Mariscala (Rosenkavalier), Arabella, Marie (Wozzeck)-.
Aunque también interpretó muchos roles no pertenecientes a otras escuelas operísticas, pero -o casi- siempre en alemán:
Euridice (Orfeo ed Eurydice de Gluck), Donna Anna (Don Giovanni), Cherubino y Condesa Almaviva (Le nozze), Micaela (Carmen), Mimì (La Bohème), Elvira (Ernani), Leonora (Il trovatore), Elisabetta (Don Carlo), Aida, Desdemona (Otello), Marenka (La novia vendida), Milada (Dalibor), Tatyana (Eugene Onegin), Jenufa...
También se dedicó al lied. En su concierto de despedida -Berlín 1957-, además de lieder de Brahms y Wolf, cantó los Wesendonck lieder de Wagner. La escuchamos en un muy vienés lied de Wolf, Die Kleine:
Falleció en Berlín a los 96 años, era un 5 de febrero de 1994.
Tras el aria y cabaletta, Leonora jura al Conde que será suya si éste deja escapar a Manrico -ese "lo giuro a Dio che l'anima tutta mi vede!"-. Sale un carcelero, mientras el Conde habla con él, Leonora bebe el veneno que lleva en el anillo y dice aquello de "M'avrai, ma fredda esanime spoglia". La tendrá... pero muerta.
Y el desenlace: "Coge mi mano; es hielo...(le señala el pecho) Pero aquí... aquí fuego horrible arde...", y Manrico: "¿Qué has hecho?... ¡Oh cielo!", y ella: "Antes que vivir siendo de otro... He querido tuya morir..." El Conde, tras la muerte de Leonora, en un gesto de rabia, detiene a Manrico y ordena que lo lleven al patíbulo. Azucena, forzada por el Conde, contempla la muerte -que tiene lugar fuera de escena- de su supuesto hijo. Horrorizada, confiesa al Conde que Manrico en realidad era su hermano. La venganza por la muerte de su auténtico hijo se ha cumplido.
arreglada por Heitor Villa-Lobos (Canções típicas brasileiras, n.º 6)
Quando da brisa no açoite
A flor da noite se acurvou
Fui encontrar com a maróca meu amor
Eu sentir n'alma um golpe duro
Quando ao muro já no escuro
Meu olhar andou buscando a cara dela e não achou
Minha viola gemeu, meu coração estremeceu
Minha viola quebrou, meu coração me deixou
Minha maróca resolveu prá gosto seu me abandonar
Porque o fadista nunca sabe trabalhar
Isto é besteira pois da flôr
Que brilha e cheira a noite inteira
Vem depois a fruta que dá gosto de saborear
Minha viola gemeu, meu coração estremeceu
Minha viola quebrou, meu coração me deixou
Por causa dela sou um rapaz
Muito capaz de trabalhar
E todos os dias e todas as noites capinar
Eu sei carpir porque minh'alma está
Arada, loteada, capinada
Com as foiçadas desta luz do seu olhar.
En una carta a Manuel Bandeira el 7 de septiembre de 1926 Mario de Andrade (1893-1945) declaraba: "¿Quieres que te confiese algo solamente a ti? Pues bien: este ('Viola Quebrada') es el 'pastiche' más desvergonzado como plagio que pueda existir. De lo cual, por lo demás, no tengo la culpa pues no soy compositor. La Maroca fue fríamente escrita así: me basé en el ritmo melódico de 'Cabocla de Caxangá' y fui alterando, nada más que por entretenimiento, y mientras me vestía, el orden de la sucesión de las notas. Tengo la costumbre de inventar sonidos diferentes sobre la base de un modelo rítmico cualquiera para hacer algo mientras me visto. Así fue como nació la Maroca y luego, porque nació bonita, decidí grabarla y le escribí los versos con que se conoce. Únicamente la copla no es un pastiche plagiado de la rítmica melódica de la obra de Catulo. Y la línea que inventé cuenta con dos de los tales torneos melódicos que especifiqué en la Bucólica, cosa que, por lo demás, recién ahora verifiqué pues antes nunca me había detenido a pensar en eso. La copla, por lo demás, no tiene nada de típicamente brasileño, en el sentido, digo, de aquel famoso temblor sentimental..."
Victoria de los Ángeles, Dietrich Fischer-Dieskau, Gerald Moore (piano). 1961
Mignon und der Harfner, D. 877 - Nur Wer Der Sehnsucht Kennt
Música de Franz Schubert sobre un texto de Wilhelm Meister de Goethe
¡Sólo el que ha conocido la nostalgia sabe lo que yo sufro! Sólo y alejado de toda alegría, miro el vacío del firmamento. Quien me ama y me conoce está lejos. Siento vértigo, me queman las entrañas. ¡Sólo aquél que conoce la nostalgia sabe lo que yo sufro!