domingo, 30 de diciembre de 2007

Monteverdi. L' Arianna - Carolyn Watkinson

El 28 de mayo de 1608, un año después de L'Orfeo, en el Teatro de la Corte de Mantua tuvo lugar el estreno de L'Arianna, ante más de 4.000 espectadores (para que luego digan que si estas óperas deben representarse en teatros pequeños y tipitín y tapatán) según las crónicas de la época era una ópera de mayor duración y complejidad que L'Orfeo y tuvo un éxito apoteósico, de esta ópera sólo se ha conservado un fragmento, el llamado "Lamento d'Arianna". Con posterioridad Monteverdi realizó dos versiones del célebre lamento: Un madrigal a cinco voces que forma parte del Sexto Libro de Madrigales, publicado en 1614, y una versión monódica en 1623 titulada "Il pianto de la Madonna".

El libreto fue escrito por Ottavio Rinnuccini, está basado en la leyenda de Arianna, hija de Minos y Pasífae, reyes de Creta, enamorada de Teseo, hijo de Egeo, rey de Atenas, a quien ayuda con sus consejos a matar al minotauro y a salir después del laberinto. Teseo la abandona en la isla de Naxos, la desesperación de Arianna es tal que se arroja al mar en un intento de suicidio, pero unos pescadores la encuentran y la salvan, pero no reciben ni una sola palabra de agradecimiento. No hay nada en el mundo que pueda consolarla.


El fragmento se sitúa en el momento en que Arianna está sola en una playa y contempla como se aleja la nave de Teseo. Es espléndido, uno de esos casos -no tan frecuentes como nos gustaría- en los que no se sabe qué admirar más, si la belleza de la música, por simple que ésta sea, o la de las palabras, todo forma un equilibrio perfecto. Los sentimientos por los que va pasando la protagonista a lo largo del Lamento son muy variados, desde el deseo de su propia muerte hasta el de la muerte del amado infiel, pasando por la esperazanda en su retorno, la añoranza del hogar familiar, el desengaño y el mismo arrepentimiento por haberle deseado la muerte. Yo conocí el Lamento en una grabación de los años setenta realizada por Reinhard Goebel y Musica Antiqua Köln con la mezzosoprano Carolyn Watkinson, y es la escucha que propongo.
Watkinson es una mezzo inglesa nacida en 1949 y que se especializó en la música barroca, llegano a cantar en La Scala en el papel de Ariodante, tiene bastantes grabaciones con directores como Rilling, Scheier, Malgoire, Goebel, Hogwood, Marriner, Medlam, Gardiner, Preston, Pinnock la mayoría dedicadas a Cantatas de Bach, óperas y oratorios de Haendel, y música religiosa de Haydn y Mozart.


Lasciatemi morire!
E chi volete voi che mi conforte
In così dura sorte,
In così gran martire?
Lasciatemi morire.
O Teseo, O Teseo mio,
Si, che mio ti vo' dir, che mio pur sei,
Benchè t'involi, ahi crudo, a gli occhi miei
Volgiti, Teseo mio,
Volgiti, Teseo, O Dio!
Volgiti indietro a rimirar colei
Che lasciato ha per te la Patria e il Regno,
E in queste arene ancora,
Cibo di fere dispietate e crude,
Lascierà l'ossa ignude!
O Teseo, O Teseo mio,
Se tu sapessi, O Dio!
Se tu sapessi, ohimè, come s'affanna
La povera Arianna,
Forse pentito
Rivolgeresti ancor la prora aIlito!
Ma con l'aure serene
Tu te ne vai felice et io qui piango.
A te prepara Atene
Liete pompe superbe, ed io rimango
Cibo di fere in solitarie arene.
Te l'uno e l'altro tuo vecchio parente
Stringeran lieti, et io
Più non vedrovvi, O Madre, O Padre mio!
Dove, dov'è la fede
Che tanto mi giuravi?
Così ne l'alta fede
Tu mi ripon degl'Avi?
Son queste le corone
Onde m'adorni il crine?
Questi gli scettri sono,
Queste le gemme e gl'ori?
Lasciarmi in abbandono
A fera che mi strazi e mi divori?
Ah Teseo, ah Teseo mio,
Lascierai tu morire
Invan piangendo, invan gridando 'aita,
La misera Arianna
Ch'a te fidossi e ti diè gloria e vita?
Ahi, che non pur rispondi!
Ahi, che più d'aspe è sordo a' miei lamenti!
O nembri, O turbi, O venti,
Sommergetelo voi dentr'a quell'onde!
Correte, orche e balene,
E delle membra immonde
Empiete le voragini profonde!
Che parlo, ahi, che vaneggio?
Misera, ohimè, che chieggio?
O Teseo, O Teseo mio,
Non son, non son quell'io,
Non son quell'io che i feri detti sciolse;
Parlò l'affanno mio, parlò il dolore,
Parlò la lingua, sì, ma non già il cuore.
Misera! Ancor dò loco
A la tradita speme?
E non si spegne,
Fra tanto scherno ancor, d'amor il foco?
Spegni tu morte, ornai, le fiamme insegne!
O Madre, O Padre, O dell'antico Regno
Superbi alberghi, ov'ebbi d'or la cuna,
O servi, O fidi amici (ahi fato indegno!)
Mirate ove m'ha scort'empia fortuna,
Mirate di che duol m'ha fatto erede
L'amor mio,
La mia fede,
E l'altrui inganno,
Così va chi tropp'ama e troppo crede
.

(¡Dejadme morir! ¿Qué pretendéis que me conforte en esta suerte tan dura, en este tan grande martirio? ¡Oh Teseo, oh Teseo mío! Sí, mío te quiero llamar, mío aún eres, a pesar de que te has ido, cruel, lejos de mis ojos.

¡Vuelve, Teseo mío! ¡Vuelve, Teseo, oh Dios! Regresa a contemplar a aquella que ha dejado por ti la patria y el reino, y que aún en eta arena, como alimento de fieras crueles y despiadadas, dejará los huesos desnudos. ¡Oh Teseo, oh Teseo mío, si tú supieses, oh Dios! si tú supieses, ¡ay de mí!, cómo se afana la pobre Arianna, tal vez, arrepentido, volverías aún la proa hacia la playa. Pero con el aura serena te vas, feliz, y yo aquí lloro. Para ti prepara Atenea alegres pompas soberbias, y yo quedo como presa de las fieras en la solitaria arena. Tú abrazarás a tus viejos padres, una y otro, pero yo no os volveré a ver, oh madre, oh padre mío
¿Dónde está, donde está la fe que tanto me jurabas? ¿Es así como me colocas en el alto sitial de mis abuelos? ¿Son estas las coronas con las que adornas mis cabellos? ¿Éstos son los cetros? ¿Éstas las joyas y el oro? ¿Dejarme abandonada a la fuerza que me destruya y me devore? ¡Ah, Teseo, ah Teseo mío! ¿Dejarás tú morir llorando en vano, pidiendo en vano auxilio, a la misera Arianna que confió en ti y te dio gloria y vida? ¡Ah, no me responde, ah es más sordo que un áspid a mis lamentos!

¡Oh, nimbos, oh turbas, oh vientos, sumergidlo vosotros en las olas! ¡Corred, monstruos marinos y ballenas, y rellenad con vuestros miembros inmundos las profundidades de la mar! ¡Ah, no me responde, ah, es más sordo que un áspid a mis lamentos!

¿Qué digo? ¡Ay de mí, qué desvarío! Miserable, ¡ay de mí! ¿Qué estoy pidiendo? ¡Oh Teseo mío, no soy yo la que ha proferido estas feroces palabras! Habló mi afán, habló el dolor, hablo la lengua, sí, pero no el corazón.)

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