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miércoles, 9 de octubre de 2013

La novia del Zar inauguró ayer la temporada de la Staatsoper Berlin



Ayer tuvo lugar la inauguración de la temporada 2013-2014 de la Staatsoper Berlin en el Teatro Schiller (continúan las obras de rehabilitación en el Staatsoper Unter den Linden), la dirección musical, evidentemente, corrió a cargo de su director titular, Daniel Barenboim, lo extraño es el título escogido, no forma parte la ópera rusa del repertorio habitual del director argentino, tampoco la elegida se incluye entre las más famosas de las representadas fuera de Rusia, se trataba de La novia del Zar de Rimski-Korsakov. Afortunadamente se retransmitió por televisión.



La novia del Zar (Tsarskaya nevesta) se estrenó en Moscú hace poco más de una centuria, en 1899; aunque la acción se desarrolla en el siglo XVI en época de Ivan el Terrible, esta producción berlinesa, dirigida por Dmitri Tcherniakov (su producción de La ciudad invisible de Kitezh se verá próximamente en el Liceu) y coproducida con La Scala, está ambientada en pleno siglo XX. Desconocía la ópera, sólo había escuchado, y muy poco, alguno de sus fragmentos, así que me costó un poco entrar en el desarrollo de la acción y comprenderla plenamente, entre otras cosas (Tcherniakov incorpora un escenario giratorio, proyecciones y un plató de televisión)  porque al principio se proyecta una conversación en un chat que no fue subtitulada correctamente por los de Mezzo (he averiguado que en él dos oscuros personajes intrigan sobre la posibilidad de crear un zar virtual, una vez creado éste deberán encontrarle mujer, en defintiva, la manipulación de las masas a través de los medios que pone a nuestro alcance la Red).



El argumento de la ópera gira entorno a un acontecimiento histórico, la muerte de la tercera esposa de Ivan el Terrible, a la que, según cuenta la tradición, había elegido entre 2.000 cantidatas, mezclando asuntos de amor (del tipo A se compromete con B pero quiere a C, que está prometida con D pero es requerida en matrimonio por E, el zar), ceremonias religiosas y brujería (pociones que enamoran y otras que envenenan). La música es muy ecléctica, estructurada en la tradición del Bel Canto con la incorporación de melodías del folclore ruso y una orquestación muy colorista en la que es muy relevante la participación de los vientos y percusión. Decía Barenboim en la entrevista que le realizaron en el intermedio que la dificultad de la ópera rusa estriba precisamente en su eclecticismo, no suena a ópera alemana, francesa o italiana sino que incorpora elementos de las tres, y los mezcla con influencias de la música popular rusa.



El bajo Anatoli Kotscherga se encargó de interpretar a Vasily Sobakin, correcto sin más; Olga Peretyatko, que pasó algún apuro circunstancial en el primer acto, fue su hija, Marfa Sobakina (un rol para soprano lírica con coloratura que se compara con el de Lucia di Lammermoor por su escena final), el oprichnik Grigory Cryaznoy corrió a cargo de Johannes Martin Kränzle; sin embargo, por encima de todos destacó la mezzosoprano Anita Rachvelishvili, por la credibilidad con la que encarnó a la desesperada Lyubasha y también por la belleza de su voz unida a la musicalidad y emoción de su canto (al margen de la cantante sus intervenciones están entre lo que más me ha gustado de la ópera). Como anécdota decir que también participó la gran Anna Tomowa-Sintow en un pequeño papel. Extraordinarios tanto los sonidos que surgían de la Staatskapelle como la matizada dirección de Daniel Barenboim, quien antes de comenzar dedicó un minuto de silencio al recientemente fallecido Patrice Chereau.




En definitiva, una ópera que desconocía, que me ha dejado un buen sabor de boca y ganas de repetir. En Youtube he encontrado una grabación de la ópera completa con una pinta estupenda: Galina Vishnevskaya, Irina Arkhipova, Vladimir Valaitis, Yevgeny Nesterenko, Andrei Sokolov, Vladimir Atlantov; Coro y Orquesta del Teatro Bolshoi, dir.: Fuat Mansurov, 1975.


Y para los que no tengan mucho tiempo y quieran escuchar algún fragmenteo os dejo dos arias de Lyubasha cantadas por Irina Arkhipova la del acto I, que es a capela y la del acto II, con orquesta (en la ópera va precedida de un dúo con Gryaznoy que tampoco conviene perderse) :




P.D: La de veces que he estado a punto de escribir La novia vendida -)

viernes, 10 de diciembre de 2010

ARIAS FAVORITAS - Himno al sol de "El Gallo de Oro"

"Himno al Sol" es un aria que canta la reina Shemakha en El Gallo de Oro, ópera de Rimski-Korsakov. Siempre me ha atraído por su exotismo oriental y erotismo, llamadlo sensualidad si queréis. Se la escuchamos a Klara Kadinskaya en grabación de 1962. Esta soprano tenía una facilidad pasmosa para ascender al agudo y tiene la ventaja, frente a otras versiones, que está cantada en ruso.


domingo, 11 de enero de 2009

La leyenda de la ciudad invisible de Kitezh


Esta tarde-noche hemos asistido en el Palau de la Música de Valencia a uno de esos conciertos que te dejan una huella imborrable. La orquesta y coros del Teatro Mariinski bajo la dirección de Valery Gergiev interpretaban, en versión concierto, la ópera, de Rimski-Korsakov, La leyenda de la ciudad invisible de Kitezh. Extraordinaria orquesta, extraordinario coro y reparto muy homogéneo, con cantantes habituales del citado teatro, en el que ha destacado, en el agotador papel de Fevronia, la soprano Olga Sergeeva. Automáticamente esta ópera pasa a engrosar la lista de aquéllas que me gustaría ver representada alguna vez en la vida. He salido impactado. La ópera ha transcurrido en un suspiro.

Desde que he salido del concierto no he parado de darle vueltas a la cabeza: Cómo es posible que esta obra no esté más afianzada en el repertorio y que, fuera de Rusia, sea una absoluta desconocida para el aficionado medio. Por la historia de esa ciudad que, gracias a la fe de un pueblo, desaparece para resurgir en un mundo ideal; por el perfil psicológico de algunos de sus personajes, pero sobre todo de Grichka Kutierma, que en un primer momento puede identificarse con el mal pero que está alejado de todo maniqueísmo, ya que su comportamiento es fruto de la propia necesidad de subsistir o de la coacción antes que de la más pura maldad; por el brillante tratamiento del coro, que se muestra como si fuera un personaje más, expresando el sentir de los ciudadanos, recordándonos en muchos aspectos a Boris Godunov; por su extraordinaria orquestación, de embriagador cromatismo, en la que unas veces brilla el exotismo oriental y otras el misticismo, así como por sus referencias a los ritmos tradicionales, tanto populares como religiosos, sin olvidar tampoco la magnífica descripción de ambientes como el de Kitezh la Menor en el inicio del segundo acto, con sus mercaderes, comerciantes, mendigos, músicos... Por todo lo dicho esta ópera tendría que tener mucha más fama de la que tiene, que es nula. Sin ir más lejos, en el Kobbé, que resume el libreto de unas cuatrocientas óperas, no aparece.

La leyenda de la ciudad invisible de Kitezh y la joven Fevronia, es la penúltima de las 15 óperas que compuso de Nicolai Rimski-Korsakov (1844-1908) y la última que el compositor vió estrenada. Basada en dos antiguas leyendas rusas: la de la ciudad invisible y la de la Santa Fevronia, con libreto de Vladimir Belsky, se estrenó en el Teatro Mariinski de San Petersburgo el 20 de febrero de 1907. La acción se sitúa en la legendaria ciudad rusa de Kitezh, situada frente al lago Svetloiar, en el siglo XIII, durante las invasiones tártaras. Fevronia, una joven que vive en el bosque en comunión con la naturaleza aislada de todo contacto humano acude en ayuda de Vsevolod, hijo del gran duque de Kitezh, herido por un oso durante una cacería en el bosque, el muchacho queda prendado de la sabiduría y pureza de la joven, sin revelar su auténtica identidad decide esposarla, ya que ella también cae rendida ante él. Poco después de que la pareja haya llegado a Kitezh la Menor para celebrar las esponsales, la ciudad sufre el acoso de las tropas bárbaras y Fevronia es apresada junto al vagabundo Kutierma. Éste es obligado a guiar a los invasores hasta Kitezh la Grande. El ejército de Kitezh, encabezado por Vsevolod, se enfrenta a los enemigos pero son derrotados y muertos. Una niebla muy espesa se levantará y la ciudad se hará invisible a los enemigos ocultándose en las aguas del lago mientras que sus campanas no dejan de sonar. Los tártaros, presas del pánico, huirán. Fevronia, perdida en el bosque, será guiada por la imagen de Vsevolod hasta la nueva Kitezh, situada en otro mundo, seguramente el paraíso: "Aquí no hay lágrimas ni dolor sino dulzura y dicha, dicha eterna". Estas son las palabras con las que, cantadas por el coro, termina la ópera.
En el tercer acto tienen lugar las oraciones para que desaparezca la ciudad de la superficie de la tierra, las referencias a la música litúrgica son evidentes:



Los hay que dicen que esta ópera es el Parsifal ruso, me gustaría que escucharais este fragmento del cuarto acto, en el que encuentro muchas similitudes con el segundo acto de Parsifal:



Los animadores Ivanov-Vano y Yuri Norstein realizaron en 1971 una película en dos dimensiones, La Batalla de Kerzhenets -título del interludio entre los dos cuadros del acto tercero-, basada en la ópera de Rimsky-Korsakov, he encontrado un vídeo en Youtube:





viernes, 9 de enero de 2009

Valery Gergiev en Valencia y lo políticamente correcto.


"La política es una cosa y la verdad es otra, y si dices la verdad no eres políticamente correcto, pero la verdad es que no puedes atacar a niños con misiles y tanques"
(Valery Gergiev)

Preguntado por una hipotética vinculación con el Palau de les Arts de Valencia, ha comentado que su trabajo está centrado en el Mariinski y en la Orquesta Sinfónica de Londres, sin olvidar su colaboración con el Metropolitan de Nueva York y la Filarmónica de Viena. No obstante, Gergiev, que abrirá la temporada de ópera 2009-2010 en el coliseo valenciano con 'Las troyanas' de Berlioz, se ha mostrado abierto a una cooperación, ya que las producciones de óperas 'son caras'.

Fuente: actualidad.terra.es

Lo escuchamos dirigiendo un fragmento del Acto 1 de la Leyenda de la Ciudad Invisible de Kitezh, ópera de Rimski-Korsakov que, en versión concierto, ofrecerá mañana en el Palau de la Música de Valencia con la orquesta del Teatro Mariinski de San Petersburgo. Será el tercer y último concierto de los tres que director y orquesta han programado en Valencia.