martes, 25 de noviembre de 2008

Apollo e Dafne (La terra e liberata). Cantata a due con stromenti.

A Dafne los brazos ya le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el ojo oscurecían;
de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían
Aquél que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lagrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

(Garcilaso de la Vega. Soneto XIII.)


Apolo y Dafne es un grupo escultórico, de dos metros y cuarenta y tres centímetros, realizado en mármol del napolitano Gian Lorenzo Bernini que se encuentra en la Galleria Borghese de Roma y cuyo tema está sacado del poema épico Las Metamorfosis de Ovidio.
En una de las narraciones de Las Metamorfosis el poeta nos cuenta que Apolo había alardeado de saber utilizar como nadie el arco y las flechas, evidentemente esta presunción no había sentado muy bien a Cupido, así que lo castiga haciendo que aquél se enamore de la ninfa Dafne y que ésta rehuya todo contacto amoroso, consagrando su vida al servicio de Diana y la caza. Ante el irrefrenable acoso de Apolo la ninfa pide ayuda a su padre, Peneo, dios de los ríos, quien para evitar su unión convierte a Dafne en un árbol, concretamente un laurel, que a partir de entonces pasa a convertirse en el árbol sagrado de Apolo. El grupo de Bernini representa la transformación de la ninfa en la planta, vemos como sus manos se van transformando en hojas, su cabello en tronco y sus pies en raices, ella está aterrorizada,
no sabemos si por la misma mutación o porque Apolo le ha puesto la mano en la cintura y teme ser poseída -huida de Apolo y metaforfosis se dan la mano-; por el contrario, el dios parece impasible o, como mucho, sorprendido o desilusionado. Bernini capta muy bien el movimiento en ese momento de la transformación de la ninfa en laurel, todo es dinamismo. Por la época en que se realizó se le puede dar una lectura de moral católica -la resistencia al placer, el castigo del deseo, el triunfo de la castidad- que es lo que menos me gusta, es lo mismo que me pasa con Parsifal, y es que la temática de la historia de Daphne es muy wagneriano, en ella se basó también Richard Strauss para componer su ópera Daphne, aunque con una lectura que para mí es más pagana, cualquier día visitará el blog.

Probablemente, cuando Haendel, entre 1709 y 1710, visitó Nápoles, la ciudad natal de Bernini, compuso una cantata sobre el mismo tema que el grupo del escultor napolitano -así lo dice Hans-Christian Schmidt en el librito que acompaña la grabación de Harnoncourt para Teldec; sin embargo, los hay que dicen que su composición se inició en Venecia y finalizó en Hannover-: Apollo e Dafne, HWV 122 (La terra è liberata). Cantata a due con stromenti. Mucha de la música de la misma fue reutilizada por Haendel con posterioridad.

La cantata fue escrita para las voces de soprano y bajo, y constaba de ocho arias (5 para Apolo y 3 para Dafne) y dos dúos más una obertura que se ha perdido. Su duración aproximada es de cuarenta minutos.

Escuchamos el aria de Dafne "Felicissima quest'alma" con su solo de oboe y las cuerdas en pizzicato, en la voz de Roberta Alexander, está acompañada por Nikolaus Harnoncourt y su Concentus musicus Wien:

Felicissima quest'alma
Ch'ama sol la libertà.
Non v'è pace, non v'è calma
Per chi sciolto il cor non ha.


Feliz este alma que sólo ama la libertad.
No hay paz ni calma para quien no tiene el corazón liberado.


Así lo relata Ovidio en Las Metamorfosis: "(...) Ella, perdidas las fuerzas, palidece y, vencida por la fatiga de tan vertiginosa fuga, contemplando las aguas del Peneo, dijo: "Auxíliame, padre mío, si los ríos tenéis poder divino; transfórmame y haz que yo pierda la figura por la que he agradado excesivamente". Apenas terminada la súplica, una pesada torpeza se apodera de sus miembros, sus delicados senos se ciñen con una tierna corteza, sus cabellos se alargan y se transforman en follaje y sus brazos en ramas; los pies, antes tan rápidos, se adhieren al suelo con raíces hondas y su rostro es rematado por la copa; solamente permanece en ella el brillo. Apolo también así la ama y apoyada su diestra en el tronco, todavía siente que su corazón palpita bajo la corteza nueva y, estrechando con sus manos las ramas que reemplazan a sus miembros, da besos a la madera; sin embargo, la madera rehúsa sus besos. Y el dios le dijo: "Ya que no puedes ser mi esposa, serás en verdad mi árbol; siempre mi cabellera, mis cítaras y mi carcaj se adornarán contigo. ¡Oh, laurel!, tú acompañarás a los capitanes del Lacio cuando los alegres cantos celebren el triunfo y el Capitolio vea los largos cortejos. Como fidelísima guardiana, tú misma te encontrás ante las puertas del Augusto y protegerás la corona de encina situada en el centro; así como mi cabeza, cuyos cabellos jamás han sido cortados, permanece joven, dela misma manera la tuya conservará siempre su follaje inalterable". Peán había acabado de hablar; el laurel se inclinó con sus ramas nuevas y pareció que inclinaba la copa como una cabeza".

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