lunes, 14 de diciembre de 2009

Cio-Cio-San se cabrea - Renata Scotto

"¡Ya no soy la misma! 
Demasiados suspiros ha exhalado esta boca... 
y mis ojos han estado mirando
demasiado fijamente a lo lejos"
(Cio-Cio-San)


Cio-Cio-San muestra tener muy mala leche en algunos momentos del segundo acto de Madama Butterfly. Pero no son más que actos de defensa para que lo probable parezca imposible; de paso el cabrón de Puccini nos va metiendo puyaditas para que cuando todo esté bien cocido, al final de la ópera, echar el arroz. La traca final.

He elegido para ilustrar estos fragmentos la grabación de 1966 en la que interviene Renata Scotto bajo la dirección de John Barbirolli.

Butterfly se irrita cuando Suzuki insinúa que es raro que un marido extranjero vuelva, y aquélla le espeta "Ah! Tacci o t'uccido", ahí es nada;  en tres años poco queda de la inocencia de la jovencita del primer acto.  Inmediatamente la soprano entona "Un bel di vedremo" -que no escucharemos ahora-, ya os decía que aquí todo está pensado para hacer estallar el corazón del pobre espectador. La secuencia es la siguiente: No tenemos dinero-Los dioses japoneses son una kk-El Dios americano no puede escucharnos-Si Pinkerton no regresa estaremos en apuros-¿Volverá?-Sí, que por eso nos paga el alquiler, porque piensa volver, por eso puso tantas cerraduras, para proteger a su esposa-Pero nunca se ha conocido que un extranjero vuelva-Cállate o te mato, volverá cuando haga el nido el petirrojo (pasaje de absoluto lirismo)-No tienes fe...
Entonces Puccini, que ha visto que todo está apunto para la cocción introduce el aria "Un bel di vedremo..."



¿Y cuando Sharpless la llama "Madama Butterfly" y ella corrige? Claro que ella en ese momento no ve al cónsul porque está de espaldas, de otra forma quizás hubiera sido más suave. Me encanta como Scotto dice "Prego"; le sigue una nueva puyadita: "Bienvenido a una casa a-me-ri-caa-na":



También vemos la indignación de Butterfly cuando Sharpless le hace ver lo evidente, que Pinkerton no volverá, aconsejándole que se case con Yamadori y ella toma la determinación de tirarlo de su casa. Después sacan al niño y el patetismo alcanza uno de sus puntos culminantes con "Che tua madre", terminando con lo de nada de danzar, nada de geishas, antes muerta. Lo encuentro genial:



Y finalmente la toma con Goro, a quien acusa de que va diciendo por ahí que nadie sabe quién es el padre del niño. Pero es que Goro es también el culpable de que la inocente joven de quince años haya llegado a su situación:



Nada que ver con la muchachita del principio de la ópera, y ella misma parece como que lo reconoce al mirarse al espejo prácticamente al final del segundo acto y dice: "¡Ya no soy la misma! Demasiados suspiros ha exhalado esa boca... y mis ojos han estado mirando demasiado fijamente a lo lejos." Este cambio no es sólo físico, en tres años se ha convertido en una mujer, tiene la fuerza que le ha dado la maternidad, es capaz de blasfemar, de insultar, de manifestar cinismo y deseos de venganza. Una especie de Belén Esteban de principios del siglo XX. "Yo, por mi hijo, mato".

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada