viernes, 22 de julio de 2011

La Missa Solemnis de Beethoven

- ¿No te parece que ha habido momentos en que parecía que las voces iban desajustadas con respecto a la orquesta?
- No, no, es que eso es así, es que Beethoven no sabía componer para las voces.

Y se quedó tan ancha. Este pequeño diálogo lo escuché con estos mis oídos al salir de una representación de Fidelio durante el pasado Festival del Mediterráneo, pero no es la primera vez que oigo la afirmación de que Beethoven no sabía componer para las voces (otra cosa es que se pueda llegar a decir que Beethoven componía para voces que no existen por la exigencia vocal -técnica y de extensión- que plantean sus partituras), incluso he llegado a ser testigo de como se ponía de ejemplo ilustrativo la Missa Solemnis, no pienso entrar en la discusión, tampoco hablaré del carácter religioso o profano de la misma porque realmente no tengo ni idea, lo que sí que diré, ya lo apunté en una entrada anterior,  es que me parece una estupidez eso de que de Beethoven no sabía componer para las voces y voy al grano: La Missa Solemnis es una obra compleja y muy atractiva.

Atractiva porque se trata de la obra no escénica más extensa de Beethoven o, si queréis, su obra religiosa más larga;   porque el tratamiento de la misma es sinfónico -empleo de la voz como un instrumetno más de la orquesta- y porque parece ser que es la composición que le llevo más tiempo a lo largo de su vida; hay quien la ha definido como una síntesis entre la sinfonía, la ópera y la música religiosa, a mí me vale con la mezcla entre sinfonía y música religiosa, lo de la ópera no lo tengo tan claro si bien es cierto que de vez en cuando aparecen reminiscencias de Fidelio, pero ya sabemos que incluso los hay que hablan de un supuesto carácter oratorial de esta ópera, al menos en su segundo acto.

La misa es también compleja, monumental, dificilísima no sólo para el coro y los solistas vocales, también para la orquesta y el director, no me parece que sea una música fácil de digerir tras la primera escucha, así que, si no se conoce o no se ha pasado más allá de un primer intento, recomiendo que se le pierda el miedo y que  se insista varias  veces;  para comenzar, por ejemplo, podría escucharse el Sanctus si el oyente se  decanta  por los adagios, mientras que si lo que prefiere habitualmente es música más enérgica sería interesante comenzar con el Gloria, aunque lo mejor es comenzar por el principio -toma ya-, de todas formas si tuviera que elegir un fragmento, me quedaba con el Agnus Dei. No hay que tener miedo a escucharla fragmentariamente porque en tiempos de Beethoven ya se ofrecía de esta forma, de hecho me parece que parte de la misa se tocó durante el estreno de la Novena Sinfonía; además, cuando uno escucha esta misa de un tirón tiene la sensación de que carece de una uniformidad estilística, o al menos es lo que me pasa a mí, esta característica, que por sí misma no es mala, aún la hace menos asequible. En definitiva, hay que perderle el miedo, como a cualquier otra obra con la que nos enfrentamos, y en este caso estoy convencido de que con el tiempo y conforme se vayan sucediendo las escuchas se irá comprobando que esta música tiene muchísimo que ofrecer.

Algunas notas sobre la Missa Solemnis de Beethoven y la versión elegida:

  • Beethoven era un compositor educado en el catolicismo.
  • Se trata de la segunda y última misa compuesta por él.
  • Inició su composición cuando tenía 48 años (1818), ya era sordo.
  • Un encargo del Archiduque Rudolf de Austria (arzobispo de Olomouc, una ciudad checa situada a orillas del Moldava que entonces pertenecía al Imperio Austríaco), que habia sido alumno de Beethoven, también fue protector y dedicatario de varias composiciones de Beethoven, como el Concierto para piano conocido como "Emperador". Debía estrenarse con motivo de la investidura de aquél como arzobispo de Olomuc, el 9 de narzi de 1829, pero no pudo ser.
  • Esta misa es contemporánea de obras como las últimas sonatas para piano (entre las que encontramos la  Hammerklavier Sonata -esa que muchos consideraban inejutable con esa fuga final que parece realmente imposible- ) y la Novena Sinfonía. 
  • La versión elegida: Luba Orgonasova, soprano; Catherine Robbin, mezzo-soprano; Anthony Rolfe Johnson, tenor; Alastair Miles, bass; NDR-Chor, Monteverdi Choir; NDR Sinfonieorchester
    John Eliot Gardiner, director. Grabada en la Iglesia de Santa María de Lübeck en 1994. Como los enlaces de Youtube han dejado de funcionar la he cambiado por la de Leonard Bernstein con Edda Moser, Hanna Schwarz, Rene Kollo, Kurt Moll y la Concertgebouw Orchestra, que también está muy bien.
  • Se divide en  5 movimientos:
    • KYRIE. Tras una pequeña introducción orquestal se inicia con la intervención del coro al que paulatinamente se van incorporando tres solistas en el siguiente orden: tenor, soprano y mezzo, para volver a tomar el coro el protagonismo de la pieza hasta que, en una segunda sección, se incorporan las voces solistas en conjunto. Hace muchos años que escuché este movimiento por primera vez y tengo que decir que se me atragantó bastante, me parecía entonces demasiado denso y amorfo, hoy, sin embargo, me parece monumental y sobrecogedor.
    • GLORIA. No menos monumental que el Kyrie se caracteriza por sus contrastes y su final de carácter fugado, muy haendeliano.
    • CREDO. Otra vez terminamos con una fuga que, para el coro, parece imposible. Como pasa tan rápido por la frase "Credo in unam sancta catholicam et apostolicam ecclesiam" se ha utilizado como argumento para defender el acatolicismo de Beethoven o, al menos, su postura crítica, pero bien puede tratarse de una especulación como tantas otras.
    • SANCTUS. No sé si vais a pensar que estoy loco pero yo en el Sanctus de la Missa Solemnis encuentro muchos paralelismos con algunos fragmentos de Parsifal. 
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      • El AGNUS DEI está escrito en modo menor y comienza siendo un adagio, en su sección inicial me parece muy lograda la fusión de las voces con los instrumentos de la orquesta sin descuidar la expresión dramática del texto, el efecto que produce es de una inmensa tristeza y desesperanza, un lamento que quiere ser escuchado pero que no se sabe si lo será, y esta idea se va reafirmando conforme la música va avanzando con la irrupción de los vientos en lo que parece ser el inicio de una fuga final, pero no, de pronto todo cambia mediante un fragmento instrumental de carácter marcial que, por contraste, conduce al "dona nobis pacem" final.Como habréis comprobado yo tampoco me escapo a la hora de especular. Para el Agnus Dei, como no encuentro la versión de Bernstein, volvemos a cambiar de versión y nos vamos a la de Christian Thielemann, con Krassimira Stoyanova, Elina Garanca, Michael Schade, Franz-Josef Selig, el Staatsopernchor y la Staatskapelle de Dresde, grabada en la ópera de esta ciudad el 14 de febrero de 2010.

      8 comentarios:

      1. Hay comentarios que, después de escucharlos, te hacen dudar de tus facultades; siempre terminas preguntandote: habré escuchado bien? De manera que para mi es un gran consuelo que alguien que oye tan bien como tu - Además de tener una gran apreciacion- haya escuchado lo mismo. Estoy de acuerdo contigo Maac y me alegro que "de lo incompresible" haya surgido la ocasión de un estupendo post y de reescuchar esta magistral musa.

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      2. He querido decir: Misa. Esto es lo que tiene escribir con un dedo en un teclado pequeño. Aunque el error no deja de tener su parte de acierto. Feliz verano para los 4 y en especial para mis dos preciosas princesas.

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      3. Yo estoy aún en la fase en la que tanta grandiosidad me supera. No es que no me guste esta obra, al contrario, me encanta, pero creo que debo escucharla más veces para llegar a "comprenderla" del todo. Lo probaré de nuevo con esta versión, de la que sólo he escuchado el primer vídeo por el momento.

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      4. Yo no sé si la comprendo, sólo sé que cuanto más la escuho más me gusta.

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      5. En mi opinión, esta obra no ha cuajado entre muchos aficionados porque es excesiva. A mí me deja agotado una sola parte, y toda seguida, nunca he podido. No da respiro, casi todo son climax, y aunque todos sus momentos sean buenísismos, el producto es para colosos como Beethoven. En ese sentido, me atreveré desvergonzadamente a decir que eso es un fallo, aunque seguramente el fallo sea de los que no tenemos capacidad para resistir tanta intensidad.

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      6. Pues igual es eso, que exige mucha concentración, algo que no es tan fácil en casa pero que sí se suele lograr en una sala de conciertos.

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      7. Aclaro el Credo está en Si bemol mayor y no en Re mayor.

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