martes, 20 de noviembre de 2012

Vamos con "I due Foscari" (IV) - Papá Foscari. ¿Es que en esta ópera nadie va a hacer nada?

Retrato de Francesco Foscari.

Por orden de aparición el tercer personaje protagonista de I due Foscari es Francesco Foscari, el padre de Jacopo, magistrado supremo y máximo dirigente de la República de Venecia, vamos... el Dogo. Si tenemos en cuenta su influencia en los acontecimientos lo mismo daría que fuera el Dogo que no (claro que si no fuera el Dogo nada le pasaría al hijo porque es a él a quien la nobleza veneciana se quiere cargar por ser quien es). Su entrada en escena sigue la tónica general de la ópera si exceptuamos los coros: el lamento. Llevamos tres salidas a escena y tres lamentos.



Cuarta escena del primer acto, la tercera me la he saltado deliberadamente.  Los hechos: El Dux, barítono -tenor avejentado en algunos casos-  entra en su habitación privada tras haberse reunido con el Consejo de los Diez, su hijo ha sido condenado, se deja caer sobre una silla, allí es el único sitio en el que no se siente observado y puede meditar libremente, no puede ser más desgraciado: soledad, incomprensión, senectud, ¿un antecedente del Felipe II de Don Carlos? (curiosa similitud entre "per me non ha" y "più lagrime non ha"). Ha fracasado como príncipe al no saber imponer la verdadera justicia, y también como padre al no haber podido salvar a su hijo de la depredadora nobleza veneciana.

Otro pusilánime que se niega a luchar, ¡estamos apañados con los protagonistas de esta ópera!, no hay uno que mueva un dedo, todos se dejan llevar por los acontecimientos.

Cuando el Dux acaba su lamento (otra vez la voz lleva el peso y el acompañamiento se centra también en el pizzicato de cuerdas), una sirvienta anuncia la llegada de su nuera, Lucrecia Contarini. Tiene guasa que antes de permitir su entrada exclame: "¡Otra infeliz!"

El personaje del Dogo fue interpretado por Achille De Bassini, estaba especializado en papeles de barítono serio aunque Verdi lo utilizaría en el estreno del rol de Fra Melintone en La forza. Este papel requiere un tipo de voz que los italianos denominan baritono nobile, es decir, un barítono lírico, otros lo llamarán barítono verdiano. En un artículo sobre la voz de barítono leí que si bien todos los barítonos verdianos son barítonos líricos, no todos los barítonos líricos son verdianos, gran verdad, aunque hay quien considera que algún barítono de los verdianos es dramático -Amonasro-, una vez más no nos ponemos de acuerdo. No nos comamos el tarro con este tema que no tiene mayor importancia y vamos a escuchar el lamento de este pobre hombre:  Eccomi solo alfine... por Giangiacomo Guelfi, barítono que falleció a principios de este año y que nada tiene que ver con Carlo Guelfi, tenía una voz impresionante y no fácil de dominar, no busquéis muchas sutilezas, es del tipo brutote. Está grabado con Carlo Maria Giulini en 1951, la toma es del vivo y procede de la RAI:



Lucrecia se presenta hecha una furia pero la mujer siempre termina canalizando sus sentimientos, al final mantendrá una ligera esperanza. Vuelve a aparecer el conflicto entre el cumplimiento de la legalidad y la justicia, o entre el deber (jurídico, que no moral) y el amor. Francesco es demasiado egoísta, en el fondo no se da cuenta del dolor de los demás, significativas son sus frases: ¡Te aseguro que mi corazón está más herido que el de cualquier otro! En lugar de insultarme, deberías llorar por mi suerte… Lucrecia le pide acción a la vez que se lamenta por no tener recursos para pasar a la acción (...mi mancan folgori a incenerir queste canute tigri che de'Dieci s'appellano Consiglio...) y Francesco es incapaz de mover un solo dedo, sólo cabe el dolor y el lamento, le pide que acate las normas. ¿ES QUE EN ESTA ÓPERA NADIE VA A HACER NADA? Así, entre pesares, angustias,  y plañidos, terminamos lo que es el primer acto, casi como había empezado: un prisionero, una condena, una esposa abandonada y un padre, teóricamente poderoso, convertido en títere del Consejo de los Diez. Todavía no sabemos si habrá hijos de por medio. Seguro que alguno se lo habrá preguntado, yo me lo pregunté enseguida.

Escuchamos desde el anuncio de la entrada de Lucrecia hasta el final del acto. Los intérpretes son Piero Cappuccilli y Katia Ricciarelli, a la que el papel le queda bastante grande por abajo y tirante arriba. En este caso la grabación es de estudio con Gardelli en la dirección:



Si habéis observado, cada vez que aparece Lucrecia hay un motivo musical que se repite, pero no tiene la misma función que los motivos conductores wagnerianos, por ejemplo: no sufre significativas variaciones, no responde a estados de ánimo ni suena cuando el personaje no aparece en escena.
Motivo de Lucrecia Contarini:



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