lunes, 14 de enero de 2013

Netrebko brilla como Iolanta en el Liceu


Iolanta es una ópera que no pertenece al gran repertorio, no se suele programar con frecuencia, si bien últimamente cualquiera diría que está de moda, en apenas un año se ha podido escuchar en el Palau de les Arts en versión concierto y en el Teatro Real escenificada. Seguramente el hecho de su corta duración, apenas llega a las dos horas, y de tener un único acto no ha favorecido su programación, necesita de una compañera; en su estreno esta labor la desempeñó el ballet El cascanueces, ambas obras habían sido fruto de un encargo del director de los Teatros Imperiales de San Petersburgo. No parece buena idea mezclar ópera y ballet en un mismo espectáculo, al menos a mí no me lo parece, pero Tchaikovsky, aunque fuera por encargo, así lo hizo. Iolanta fue última ópera y durante su composición le asaltaron inseguridades, temía repetirse.  Decidió comenzar a componerla por el dúo entre la protagonista y Vaudémont. En cuanto obra de madurez (51 años) se puede apreciar una buena factura en su instrumentación, con detalles preciosistas encargados tanto a la orquesta como a los cantantes.




¿Valía la pena desplazarse al Teatre del Liceu para escucharla en versión concierto? Yo pienso que sí, su principal atractivo residía en la presencia de la diva de nuestros días, Anna Netrebko acompañada por  la Orquesta Sinfónica y Coros del Teatro Mariinsky de San Petersburgo dirigidos por todo un especialista en el repertorio ruso como es Valery Gergiev. Estas dos funciones de Iolanta que se han programado suponían el estreno de la ópera en el Teatre del Liceu y también el debut de la Netrebko en el mismo. Todo un acontecimiento y en un repertorio que, al menos en teoría, es el más afín a la rusa. El equipo de solistas que la acompañaban, si no lo podemos calificar como de excepcional, sí podemos considerar que no puede ser más idiomático, siguiendo la tónica general de la representación de hoy. El éxito parecía asegurado. Pero no nos engañemos, en realidad yo estaba allí para escuchar y ver a Netrebko, la soprano lírica del momento no se prodiga mucho por nuestro país y, cuando se presenta una oportunidad, hay que aprovecharla. Sí, además, uno, cuando acude a Barcelona es tan bien recibido por nuestros amigos catalanes como lo han hecho hoy, pues miel sobre hojuelas. Mis felicitaciones al anfitrión, Joaquim, que, tras la sugerencia de kalamar, ha sabido escoger un buen restaurante, con mesa redonda, como tiene que ser, y con una magnífica relación calidad-precio. Ya me gustaría tener en Valencia localizados dos o tres como ese.



Pocas veces he salido de una función con la euforia con la que he salido hoy y con la sensación de haber asistido a uno de los tantos momentos históricos que se han vivido en el el Liceu. Desde que comencé a aficionarme a la ópera y escuchaba aquellas grabaciones legendarias en las que el público enloquecía y rompía en aplausos mientras la música seguía y seguía pasando a convertirse en una especie de ruido de fondo, siempre había pensado que nunca viviría momentos así, porque ya no quedan cantantes capaces de levantar al público de sus asientos y porque tampoco hoy se considera políticamente correcto interrumpir las representaciones a mitad. Una cosa es que algún iluminado rompa a aplaudir antes de hora y estropee la magia que intérpretes, orquesta y director han estado tejiendo durante toda la velada y otra cosa es lo que ha ocurrido hoy, gran parte del público ha roto a aplaudir de una manera incontrolada e incontrolable (Gergiev se negaba a parar mientras los aplausos eran cada vez eran más intensos), aunque, pensado fríamente, dista de ser deseable; no he participado del aplauso, más que nada por una cuestión de principios, pero ha sido muy emocionante, se me ha erizado el bello, era el momento en el que finaliza el dúo entre Iolanta y Vaudémont..  

Anna Netrebko ha estado maravillosa, muy creíble en la parte dramático-escénica, a pesar de ofrecerse la ópera en versión concierto, e imponente en lo musical, con un timbre tan hermoso como en las grabaciones comerciales -o más, como me ha dicho Atticus- , rico en armónicos, penetrante, cálido, que fluye natural, totalmente homogéneo en el paso del centro al agudo, que corre perfectamente con la sala, sin problemas de proyección, destacando en los números de conjunto no solo por potencia, también por la propia personalidad de un timbre que es inconfundible y que Netrebko conoce a la perfección y sabe cómo manejarlo, poniéndolo al servicio de la expresividad. La homogeneidad es tal que incluso cuando adelgaza la voz mantiene intactas todas las características tímbricas señaladas, excepto las que hacen mención a su potencia, evidentemente.



Tal ha sido la exhibición que ha ofrecido Netrebko que hay que señalar que el resto del reparto, más que correcto, no ha estado a la altura. Pero no es que no haya estado a la altura de la ópera de Tchaikovsky, que sí lo ha estado, sino que no ha estado a la altura de la soprano. Nada más salir a escena uno ya sabe que ella se va a convertir en la estrella de la función: Su , tan criticado por pantojil, traje rojo, de esos que, con sus volantes, no pasan desapercibidos, su amplio escote y una diadema destelleante que la hacen destacar del resto de cantantes, que parece que se limitan a girar a su alrededor  -incluso cuando ella está sentada y teóricamente fuera de escena- no dejan lugar a dudas. Todas las miradas quedan posadas en la rusa hasta el final. ¡Vaya! Quería hablar de los compañeros y, sin darme cuenta, me he ido otra vez a Netrebko, reconduzcámonos.



Entre todos destacaría por interpretación, la actuación de Sergei Aleksashkin como Rey René, un cantante ya maduro, presumo que con muchas tablas en el Mariinsky, he echado a faltar mayor frescura tímbrica pero, con su fino instinto dramático, ha sabido mantener un nivel regular durante toda la tarde, no es de esos veteranos que dan pena. A Sergei Skorokhodov ya lo conocía, interpretó el rol de Jasón junto a la Medea de Urmana en el pasado Festival del Mediterráneo, su timbre es típicamente eslavo, no ingrato, sobre todo en este repertorio, es el timbre típico, metálico, que uno espera de un tenor de su procedencia y características, se ha entregado, no era para menos teniendo al lado al huracán Netrebko. Finalmente destacaría al bajo Yuri Voroblev, que, a pesar de que no tiene grandes intervenciones, ha destacado por la belleza de su timbre y su capacidad comunicativa, parecía muy joven ¿será un cantante a seguir?

En definitiva, ha sido un día redondo, que me ha permitido reunirme con los amigos catalanes y conocer a dos amigos, hasta ahora, virtuales: JL y kalamar. Ojalá que la vida me proporcione muchos días como el de hoy.

Ah, y Josep nos ha enseñado la publicación de su nuevo trabajo fotográfico, Les meves Barcelones, podéis encontrar más información en In fernem Land.
 
TCHAIKOVSKI. IOLANTA. Teatre del Liceu de Barcelona, domingo 13/01/2013

Anna Netrebko, Sergei Skorokhodov, Alexander Gergalov, Sergei Alexashkin, Edem Umerov, Andrei Zorin, Yuri Vorobiev, Eleonora Vindau, Anna Kiknadze y Natalia Yevstafieva.

Orquesta Sinfónica y Coro del Teatre Mariinsky de Sant Petersburgo.
Dir.: Valery Gergiev 

18 comentarios:

  1. Vim hoje de Lisboa e também estive no Liceu. Tenho pena de não ter sabido que se encontrariam porque também gostaria de conhecer os bloggers espanhois que tanto admiro pelo que escrevem nestes seus blogs dedicados à lirica.
    Amanhã estarei também na Rusalka, antes de voltar a Portugal.
    Saudações de um admirador português.

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    1. De haberlo sabido, hubiera sido un placer podernos conocer.
      Un saludo

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    2. Vaya, pues sí que ha sido una lástima, me hubiera encantado poder saludarte, desgraciadamente he tenido que volverme corriendo porque mañana trabajo. A ver si cuando se presente otra oportunidad la aprovechamos.
      Saludos, y muchas gracias.

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  2. Ha sido maravilloso TODO.
    Por suerte nuestros encuentros siempre están unidos a funciones para recordar, haz un repaso. hay alguna cosilla mejorable, pero en su conjunto tendríamos que prodigar más esos encuentros, o nuestros teatros asiduos los deberían promocionar para el bien de sus espectáculos.
    Un placer, como siempre y la Netrebko, otro, ese es de dioses.

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    1. Seguro que encontramos una excusa para reunirnos.

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    2. Aquí, allá o en otro lugar lejano.

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  3. Impresionante la reseña Maac. Está claro que hay que apostar y más cuando ya no cabe duda de que la diva lo es y con mayúsculas. Enhorabuena por el post y por haber podido disfrutar de una experiencia única.

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  4. Tambien me desplace para escuchar esa magnifica voz y como tu bien relatas el duo de Iolanta y vaudemont excepcional un privilegio poder asistir.

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    1. Ya lo creo. Una buena forma de empezar el año.

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  5. Una vez más amigo MAAC fue un auténtico placer compartir unas horas contigo. Me alegro que salieras tan satisfecho de la representación y que el desplazamiento quedara compensado.
    Un fuerte abrazo y hasta la próxima... en BCN o València.

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  6. La segunda parte mejor que la primera, como tantas veces :-)))) Pero hablo de la ópera; no de la tarde.

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    1. Pues yo me quedo con el primer acto. Sin dudarlo.

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  7. Yo también evito aplaudir durante un acto, pero es que después del dúo, imposible reprimirme, me saltaban las lágrimas. Ha sido una Iolanta emocionante y te diré que los cantantes me gustaron mucho, aunque la Netre me robó el corazón y eso que la tenía en contra.. un diez para el bajo Voroblev y otro por la compañía,
    un beso
    hasta pronto

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    1. Ojalá nos veamos pronto y a ver si es con ese pedazo contabajo en la orquesta. Hay un rumor de que Netrebko volverá al Liceu la temporada que viene ¿será verdad?

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  8. Creo que ninguno de los dos olvidaremos fácilmente esta tarde de ópera ni la breve pero intensa reunión con los amigos catalanets.
    Ojalá pudiéramos repetir pronto algo parecido. Aunque Netrebkos hay pocas.
    Un abrazo

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    1. Lo que le dije a Fede: se lo contaré a mis nietos.

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