jueves, 4 de abril de 2013

La flauta mágica (IX) - Pamina, ese luminoso objeto de deseo.


En La flauta mágica, Pamina, de ojos oscuros, labios rojos y pelo rubio, es, como Aida y tantas heroinas operísticas, un ser que sufre una lucha interior entre el deber que le impone su amor de hija y el impuesto por su amor por Tamino; es también un objeto de deseo: excepto en el caso de Papageno, con quien terminará teniendo una auténtica relación fraternal, es anhelada por todos los personajes protagonistas y despierta en ellos desde los más puros (Tamino) hasta los más bajos (Monostatos) instintos sexuales, y, a su vez, es codiciada por el poder para conservar el vínculo afectivo o, precisamente, para separarla de su nefasta influencia (Reina de la Noche y Sarastro) . 

¿Es una mujer objeto? Muchos han querido ver en el libreto de La flauta mágica una actitud misógina o, al menos, paternalista respecto a las mujeres aún cuando al final de la ópera la sociedad presidida por Sarastro admite a Pamina como miembro de su orden. Hasta ese momento Pamina parece un objeto inerte, primero bajo la influencia de su madre, más tarde raptada por Sarastro con la supuesta excusa ya señalada y custodiada cruelmente por el licencioso y violento esclavo Monostatos -que además es negro y podría dar para otro post aunque no creo que lo escriba- y, finalmente, ofrecida como recompensa por los servicios prestados tanto por la malvada Reina de la Noche como por el presuntamete justo Sarastro; sin embargo, Pamina juega un papel activo hacia el camino de la sabiduría, dispone de las más sentidas y emotivas arias, y una resolución que la convierten en una auténtica heroina que anuncia el romanticismo, y por esta vía Schikaneder y Mozart se salvan, sobre todo éste que compuso para ella una música delicadísima y noble.

Incluso hay quien afirma que el verdadero pasivo en La flauta mágica es Tamino porque parece incapaz de pensar por sí mismo; se cree muy pronto la historia de la reina sobre su hija, no tarda nada en convencerse después que Sarastro no es tan malvado como la reina se lo había pintado -por una declaración de los sacerdotes-, y además siempre es guiado por los demás: por la reina y sus damas, primero, por los muchachos, después, y finalmente por Sarastro y sus sacerdotes, todo lo hace bajo la indicación de otros, es cierto que es valiente y determinado pero parece que no es capaz de pensar por sí mismo. Es un punto de vista con el que ahora mismo no sé si estoy de acuerdo pero es, por lo menos, curioso. 

Pamina puede ser interpretada por una soprano lírica y no requiere un dominio especial de la coloratura y las agilidades, basta con tener una voz cálida y expresiva -que no es poco- capacidad para el canto ligado y para no resultar monótona en las partes habladas, imprescindible un perfecto dominio del alemán, por eso casi todas las grandes Paminas proceden del ámbito germánico o han desarrollado su carrera en él: .Tiana Lemnitz, Maria Stader, Gundula Janowitz, Margaret Price, Irmgard Seefried, Pilar Lorengar, Edith Mathis, Lucia Popp, Barbara Bonney, Dorotea Röschmann...







2 comentarios:

  1. Pues yo diría que al comienzo de la obra incluso Sarastro la desea para sí, aunque luego cede a favor de Tamino. Lo primero que le dice es "no puedo forzarte al amor", y es obvio que no se refiere a Monostatos, a quien está a punto de castigar, ni a Tamino, cuya existencia todavía desconoce. Quizá Sarastro secuestró a Pamina por amor, pero el libreto no ofrece datos más que para hacer suposiciones.

    Un abrazo. ¿Y no es morena Pamina? Creo que Papageno alude a sus cabellos castaños al conocerla.

    ResponderEliminar
  2. Sí, yo tengo claro que Sarastro, en un principio la desea para sí, igual que en El rapto el Bajá Selim respecto a Costanza, lo veo claro cuando aquél le dice "no quiero obligarte a amar pero tampoco te daré la libertad".
    La verdad es que no sé si Pamina era o no rubia, parece que recuerdo haber leído en algún sitio que era rubia.

    ResponderEliminar