sábado, 25 de octubre de 2008

Preparando Luisa Miller - 7 - Acto II - Esc. 2ª



Por fin los espectadores que no entendieron esa salida repentina de Walter al final del primer acto van a conocer las razones que le impulsaron a ello, la verdad es que los envidio porque estás cosas sólo pasan una vez en la vida, cuando ya conoces la historia ese gusanillo que te hace estar alerta desaparece. Pero vamos al grano.


Esta segunda escena se desarrolla en los aposentos que el conde Walter tiene en su castillo. Ante nosotros está el conde, hay una clara referencia musical a su aria del primer acto, así entramos pronto en situación. El hombre sigue con lo suyo, quiere mucho a su hijo pero, según él, éste tiene un problema, y es que su hijo "delira" por culpa de su apasionado amor por Luisa, así que no hay más remedio que "compensar la falta de cordura de su hijo" con la acción del padre.

Entra Wurm y anuncia el éxito de la misión que tenía encomendada respecto a Luisa, la carta ya está redactada y un mensajero la entregará a Rodolfo. Hay algo que preocupa a Wurm, y es lo mismo que le ocurre a aquel espectador del que hablábamos al principio: ¿Por qué salió corriendo el conde ante la amenaza de su hijo?

Curiosa es la forma en que se nos van revelando las razones, ya que Wurm, que es quien plantea la cuestión, también colabora a esclarecer los hechos: El anterior conde, del que también estaba al servicio Wurm, planeaba casarse, si llevaba a término el plan y tenía descendencia, estaba amenazada la sucesión de Rodolfo en el título, aquél lo puso en conocimiento de Walter . Se lo cargaron y echaron la culpa del asesinato a unos bandidos. Lo que no sabe Wurm es que, como armaron tanto ruido, acudió Rodolfo con tiempo justo para oír, de boca del moribundo conde, el nombre de sus asesinos. Wurm se viene abajo, pero Walter lo tranquiliza, el destino de ambos está unido, saldrán adelante o caerán juntos. El ritmo balanceante que impone Verdi en este dúo es el típico en las narraciones de hechos pasados, la cabaletta con que concluye el dúo describe el terror de los protagonistas -sobre todo de Wurm- ante su incierto destino común. Este cuadro tiene más interés dramático que musical, se trata de dar explicaciones a los espectadores sobre qué es lo que ha sucedido en el pasado y las razones por las que cada personaje implicado (Walter, Wurm y Rodolfo) actúa de una forma determinada, donde otros hubieran colocado un monólogo de veinte minutos Verdi y Cammarano colocan un animado dúo.

Ahora la audición de esta primera parte de la segunda escena en las voces de Bonaldo Giaiotti (Walter) y James Morris (Wurm) con Levine en el Met 1979, parece que las tintas van demasiado cargadas pero el resultado no deja de ser impresionante:



Inmediatamente después de terminar el dúo entra Federica. Wurm se retira, mientras que Walter informa a la duquesa de Osthein que Luisa no ama a Rodolfo y que está en el castillo para demostrárselo. Abre una puerta y aparecen Wurm y Luisa. Ésta, como la vida de su padre depende de ello, repite, durante el interrogatorio al que le somete la duquesa, lo que escribió en la carta: que está enamorada de Wurm y que nunca lo estuvo de Rodolfo. El ritmo se acelera como si fuera los mismos corazones de las damas, mientras que la pareja de villanos muestra su socarronería: "¡Ha nacido en un pueblo!". Cammarano y Verdi aprovechan la ocasión para finalizar con un cuarteto, en él Luisa muestra su desolación, la duquesa su renovada esperanza y la pareja Walter-Wurm están exultantes por lo bien que le están saliendo los planes. Se para la música y comienza el canto a capella de los cuatro protagonistas, muy original y hermoso pero no puedo dejar de pensar que se despega del conjunto por su estatismo, choca que con el vertiginoso ritmo que llevábamos hasta aquí de pronto se pare.

Para la segunda parte de la escena recurrimos a la grabación en estudio de Maag con Giaiotti, Caballé, Reynolds y van Allan.



Y toda la escena de un tirón en la versión que estamos utilizando como referencia, con dirección de Cleva e intervención de Flagello, Tozzi, Moffo y Verret. Mención especial a Verret que es capaz de perfilar su personaje que de otra forma puede parecer pálido y de mero compromiso:





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