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martes, 29 de mayo de 2012

Torneo de Reggendos - El ganador es...

 Carlo Bergonzi


Cuando uno es tenor y ha nacido a 5,4 km de  Sant'Agata, donde estuvo ubicada la residencia de Verdi durante los últimos 50 años de su vida, y a 10,6 km de La Roncole, en Busseto, lugar donde el compositor habia nacido,  parece que deba estar predestinado a cantar Verdi  como nadie, y eso es lo que pasó con Carlo Bergonzi, el tenor verdiano por excelencia. Sin embargo Bergonzi debutó como barítono en El Barbero de Sevilla y siguió cantando en esta tesitura durante dos años hasta que descubrió que en realidad era tenor, se tomó un pequeño descanso para recomponer su organización vocal y en 1951 debutaba como protagonista de Andrea Chénier en Bari. Pronto comenzaría a asumir roles, entre los más de 50 que interpretó, como los de Gabriel Aroldo (Simon Boccanegra), Don Alvaro (La forza del destino), Radames (Aida), Carlos VII (Giovanna d'Arco), Rodolfo (Luisa Miller), Macduff (Macbeth), Carlo (I Masnadieri), Jacopo (I due Foscari), Ernani, Foresto (Attila), Alfredo (La traviata), Il duca (Rigoletto), Riccardo (en Oberto y en Un ballo in maschera), la parte de tenor del Requiem de Verdi y, como no, Manrico de Il trovatore. Y grabó para Philips un disco referencial que todo aficionado a la ópera debería tener: "Verdi. 31 tenor arias". Hablar de Bergonzi, sobre todo cuando interpreta a Verdi, es hablar de naturalidad, de un don innato, que no se aprende ni se transmite, su voz es grata al oído pero está lejos de la belleza tímbrica de un Björling o del joven Di Stefano (por citar a algunos), sus bazas principales son la musicalidad, una dicción y un fraseo pulidos y una limpia y hermosa línea de canto que deslumbra por su maestría en el empleo de las dinámicas. Destacó en otros repertorios pero cuando uno lo escucha cantando Verdi tiene la sensación de que es así como se debe cantar y de que hay otras formas de hacerlo que pueden ser muy válidas pero que nunca serán mejores.