"Premiere at La Scala, Milan". Allfred Eisenstaedt (1934)
Alfred Eisenstaedt igual no os suena de nada, a mí hace un par de semanas tampoco, pero resulta que este señor, nacido en lo que antes era Prusia y ahora es Polonia, es autor de una de las fotografías más famosas de la Segunda Guerra Mundial, y esa imagen sí os sonará mucho. Nacionalizado estadounidense, Eisenstaedt trabajó en la revsita Life entre 1936 y 1972, fotografiando a celebridades como Sofia Loren, JFK, Mussolini, Hitler, Einstein o Clinton.
Si alguien me pregunta por tenores históricos belgas no iría más allá de tres nombres pero no podría ampliar mucho más la información, estos tenores serían René Maison, André D'Arkor y el que nos ocupa hoy, Fernand Ansseau, un tenor que comenzó estudiando como barítono y, como en tantos otros casos (Bergonzi, Domingo quizás los más conocidos) decidió, aconsejado por un profesor de canto, cambiar a la cuerda de tenor. Cantó en teatros como La Monnaie de Bruselas, Covent Garden, la Ópera de Chicago, la de París y llegó a rechazar una oferta de Gatti-Cassaza para formar parte de la compañía del Met. En la excelente página "cantabile -subito", dedicada a grandes cantantes del pasado consideran que Ansseau era mucho más adecuado para los papeles de tenor dramático como Canio, Jean (Herodiade) o Vasco de Gama (L'Africaine) que para los de tenor lírico como Don José, Werther o Roméo. Pero no me voy a extender más sobre Fernand Ansseau, en cantabile-subito encontraréis más información, aquí de lo que se trata es de escuchar arias cantadas en un idioma que no es el original, una curiosidad y también una manera de conocer a cantantes del pasado que abordaron desde esta óptica repertorios afines a su vocalidad. No suena nada mal este Wagner en francés, pertenece al bellísimo dúo del tercer acto entre Lohengrin y Elsa, uno de mis momentos preferidos de la ópera en el que se van alternando una especie de monólogos entre los dos personajes. Condenados a no entenderse, cada uno va a la suya, Lohengrin aquí hace alabanza de un amor intuitivo, espiritual, basado en la verdad del alma antes que en el conocimiento, pero Elsa no lo escucha.