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domingo, 1 de noviembre de 2009

Les Troyens en Les Arts - ¿Aburridos?

Ayer tuvo lugar en el Palau de les Arts de Valencia el estreno en España de Les Troyens de Berlioz en una producción del propio Palau de les Arts en colaboración con el Mariinski de San Petersburgo y el Wielki de Varsovia con Valeri Gergiev en la dirección musical y La Fura-Carlus Padrissa en la escénica.

Les Troyens es una ópera que desde se estrenó el 4 de noviembre de 1863 en el Théâtre-Lyrique Imperial de Paris (hoy conocido como Théâtre de la Ville) ha tenido un tortuoso camino. En 1863 sólo se representó Los Troyanos en Cartago, que así es como se denomina la segunda parte (Actos 3 a 5). La primera representación de la ópera en su integridad tuvo lugar en el Teatro de la Corte de Karlsruhe el 6 de diciembre de 1890. Para verla representada en su integridad en Paris hubo que esperar a las huestes de Gardiner en 2003.

El estreno en España de Les Troyens ha sido un éxito en muchos aspectos, el Palau de les Arts ha demostrado que puede, tres meses después de concluida la producción de la Tetralogía wagneriana, montar una de las óperas más complicadas del repertorio, tiene la orquesta, tiene el coro, tiene la maquinaria escénica adecuada. Un tanto para el Palau de les Arts. Pero vayamos por partes:

El Palau de les Arts, que en los repartos se suele mover dentro de una loable corrección, en este caso no ha estado a la altura de la obra. Destacaron las féminas, Elisabete Matos fue una más que correcta Casandra, muy convincente en lo escénico, ha demostrado que es una intérprete muy completa, capaz de abordar repertorios muy diversos (en Les Arts ha sido en apenas un año Casandra, Turandot y Gutrune); mientras que Daniela Barcellona como Dido estuvo pletórica de voz que no de estilo, le faltó aliento lírico dejarse llevar por la melodía berliozana, no sé muy bien si se debió a que la sequedad y el impulso con que la batuta dirigió la obra no le permitió desplegar sus dotes líricas o a la excesiva italianidad de la mezzo, en cualquier caso fue la mejor de la representación.

En cuanto a los roles masculinos la cosa pintó mucho peor, los mejores fueron Stephen Milling como Narbal y los intérpretes de las cancioncitas: Eric Cutler (Iopas) y Dimitri Voropaev (Hylas). Gabriele Viviani fue Corebo, ya lo había escuchado como Valentin en este mismo teatro, lo mejor es su timbre, creo que debería centrarse en el repertorio italiano, Eneas para olvidar inmediatamente fue Stephen Gould, no fue su noche ya se le atragantó la criminal entrada en el primer acto, pensábamos que había sido un accidente, sin embargo conforme fue avanzando la velada pasó de Guatemala a Guatepeor y terminó dando lástima.Sin embargo la labor del coro y de la orquesta hay que calificarla de excepcional. Que el Coro de la Generalitat Valenciana que dirige Francesc Perales haya podido afrontar una partitura como la de Les Troyens y con la calidad con la que la ha hecho significa que puede con todo lo que le echen, por si alguien lo ponía en duda. Lo mismo hay que decir de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, aunque en este caso ya lo sabíamos desde que fuimos testigos de que afrontar la Tetralogía de Wagner no suponía ningún problema. Virgencita, Virgencita,¡ que me quede como estoy!

En enero de este año disfruté y me enamoré de La leyenda de la ciudad invisible de Kitezh, la escuchaba de la mano de la orquesta del Mariinsky y Gergiev, el cromatismo, el lirismo con que la dirigió. Por eso ayer no entendí muy bien, y me consta que no fui el único, por qué el director ruso puso la máquina a toda pastilla y arrambló con todo lo que se interpuso en su camino. Hubo momentos muy espectaculares como el coro con que se inicia la obra a ritmo trepidante, muy bien estuvo también el impulso con el que dirigió el ballet del acto IV, será un gran concertador pero no comulgo con su concepción de la música de Berlioz. Ayer recordé la magnífica Iphigénie en Tauride que nos ofrecía el año pasado Patrick Fournillier y pensé en cómo hubieran sido estos Troyanos si los hubiera dirigido él.

En cuanto a la dirección escénica estuvo bien resuelta en La Toma de Troya, y es que La Fura se encuentra más cómoda en el ambiente de oscuridad, agresividad, destrucción y sangre de la primera parte, muy logrado también ese caballo realizado con espejos que se descompone en elementos que son reutilizados en la segunda parte.
La segunda parte no me gustó, en el programa de mano Padrissa define Cartago como “un idílico lugar con mar, playas y palmeras”, no sé la idea que tendrá la Fura de un lugar idílico, desde luego no tiene nada que ver con la mía, pero eso es lo menos importante, la escenografía era muy aburrida, no permitía el movimiento de actores, y cuando lo hacía éstos estaban atados y colgados, así que Maac al compaginar el estatismo escénico de la Fura con el AVE Gergiev, sin la menor matización, se aburrió de lo lindo y esfuerzos tuvo que hacer para no dormirse, ni la Barcellona fue capaz de despejarlo. La Fura son "tan fieles" al texto que a veces dan asco, por ejemplo, cuando Casandra hace referencia a la presencia de buitres y su mal agüero, Padrissa nos los tiene que mostrar, pero no dando círculos sobre el cielo, sino picoteando cuerpos moribundos, detalles como estos, que son innumerables y no están exentos de belleza plástica, barroquizan la escenografía, distraen al espectador y no aportan nada al desarrollo del argumento, quedándose en un mero efecto especial. En cuanto al uso de las últimas tecnologías, vestuario y de la iluminación no tengo ningún pero que poner, cuando uno asiste a un espectáculo de La Fura ya sabe a lo que va. En cualquier caso es significativo que el momento que más gustó, por lo que pude comentar tras la representación con algunos asistentes, es el de la muerte de Laoconte devorado por las serpientes, un acontecimiento que en el original tiene lugar fuera de escena.

Supongo que por ahí se dirá que se abucheó el montaje, yo no sé realmente la cantidad de abucheos que hubo porque a mi derecha tenía un abucheador, muy simpático por cierto, que me dejó sordo. No soy partidario de los abucheos o, para no ser tan pragmático, en este caso no lo soy, porque trabajo detrás hay, y está bien hecho desde el punto de vista estrictamente técnico, no he sentido que me hayan tomado el pelo, que sería lo que en última instancia podría justificar el abucheo. Además es que pienso que en el abucheo hay mucho de coacción hacia el resto de espectadores. Ocho personas -repito que no sé muy bien cuántas fueron ayer- a grito "pelao" hacen demasiado ruido para el tanto por cien que representan.

El 12 de noviembre volveré, habrá cambios en el reparto; espero, por puro egoísmo, que mi valoración mejore porque es una ópera que me encanta. Ahora me voy a hacer la ronda para ver qué han dicho de esta producción por el resto de blogs.