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jueves, 1 de enero de 2009

Un vals para iniciar el 2009

Guerra y Paz (Voina y Mir) es la ópera más conocida de Serguei Prokofiev, está basada en la novela del mismo nombre de L. Tolstoi, el libreto fue escrito por el mismo compositor y por Mira Mendelson y se estrenó en el Teatro Bolshoi de Moscú en su versión íntegra seis años después de la muerte del compositor, el 15 de diciembre de 1959. En realidad hay un lío tremendo sobre la fecha de su estreno, ya que el 7 de junio de 1945 se estrenó en versión concierto con muchísimos cortes en Moscú, el 12 de junio de 1946 se ofrecó por primera vez escenificada en el Teatro Maly de San Petersburgo, pero sólo los 8 primeros cuadros (Primera Parte). La Segunda Parte fue ofrecida a puertas cerradas en 1947. En 1955 se ofrecía otra vez en el Teatro Maly suprimiendo los cuadros 7 y 11. Y así hay se van sucediendo estrenos hasta el citado de 15 de diciembre de 1959.


Junto con Pelleas et Melisande, Les Troyens y otras muchas, es una de esas óperas que sueño con verlas algún día representadas en el teatro pero que por unas cosas o por otras es harto difícil, en el caso de Guerra y Paz los problemas los plantea no sólo exigencias escenográficas, sino también su falta de popularidad, la cantidad de cantantes que requiere y su duración, más de cuatro horas. ¿Y qué tiene que ver Guerra y Paz con el día de año nuevo? Algo tiene que ver.

El segundo cuadro de la Primera Parte tiene lugar el día 1 de enero de 1810, en una sala de baile de uno de los palacios de San Petersburgo se está celebrando una gala para celebrar el Año Nuevo, al final de la escena los invitados bailan un vals no exento de cierto tono nostálgico. Nada mejor que un vals para iniciar el año 2009, con cierto aire decadente, como le gusta a Barbebleue:



Se me olvidó poner la información sobre la procedencia del vídeo, como podréis leer en los comentarios. Pertenece a una producción del año 2000 en la Opera de Paris-Bastilla, con dirección musical de Gary Bertini y puesta en escena de Francesca Zambello.

viernes, 1 de febrero de 2008

Lirismo en Esponsales en el Monasterio

Uno de los momentos de más lirismo en Esponsales en el Monasterio se encuentra en el cuadro V (Acto III). Don Carlos y Luisa -que se hace pasar por Clara- esperan a Mendoza -el comerciante de pescado pretendiente de Luisa, a la que todavía no ha visto-. Aparece éste acompañado de Antonio -el enamorado de Luisa- al que intentan convencer que entre en la habitación en la que espera la supuesta Clara, Antonio se niega puesto que Clara es pareja de su amigo Fernando y él de quien en realidad está enamorado es de Luisa, al final Mendoza lo introduce a empujones y cierra la puerta (a partir de aquí comienza el fragmento que se puede escuchar más abajo). Ya nos podemos imaginar lo que pasa dentro de la habitación, pero por si tenemos dudas, Mendoza, que observa por la cerradura, y la misma música, nos van dando pistas. Cuando salen de la habitación se muestran enamoradísimos. Mendoza está contento porque piensa que se ha quitado a un rival -Antonio- de en medio; por el contrario, D. Carlos -que también cree que Luisa es Clara- está indignadísimo por la ligereza con la que el muchacho ha quitado la novia a su amigo Fernando. Mendoza revela que esa misma noche tiene el propósito de raptar a Luisa -en realidad será a la Dueña que es quien se hace pasar por ella-, lo que sirve para que los jóvenes amantes se recochineen un poco de él -la imagen de Don Mendoza, las barbas al viento, junto con la Dueña-Luisa escapando de nadie a caballo es realmente grotesca-. Seguidamente tiene lugar el cuarteto, la pareja de enamorados cantan la puesta de sol mientras que Mendoza y Don Carlos envidian la juventud de aquéllos. Uno de los pocos momentos de la ópera en los que la acción queda paralizada y lo hace para recrearse en el amor y la añoranza de la juventud.

En el fragmento propuesto podemos escuchar a Anna Netrebko (Louisa); Yevgeny Akimov (Don Antonio); Sergei Aleksashkin (Isaac Mendoza) y Yuri Shkliar (Don Carlos) acompañados por Valery Gergiev al frente de la Orquesta de la Ópera del Kirov de San Petersburgo.




Betrothal in a Monastery

jueves, 31 de enero de 2008

Esponsales en el Monasterio en Les Arts


Acabo de llegar del Palau de les Arts, hoy me tocaba Esponsales en el Monasterio (Obrucheniye v Monastïre), una ópera de Prokofiev, estrenada en 1946, basada en una comedia inglesa titulada The Duenna, escrita por Richard Sheridan y ambientada en la Sevilla del siglo XVIII con libreto del mismo compositor y Mira Mendelson , que, voy a decir la verdad, se me atascó desde el primer momento en el DVD que grabaron a finales de los noventa, entre otros, Netrebko y Gergiev en el Mariinsky de San Petersburgo, así que lo fui dejando, lo fui dejando... hasta antes de ayer. Veía que se me echaba encima las fecha y me la puse por obligación y por no ir en blanco al teatro. Y tengo que decir que disfruté como un enano. Y hoy exactamente lo mismo, he disfrutado mucho, por la escenografía, por los cantantes, por la orquesta, y, como no, por la deliciosa música de Prokofiev y lo divertido del argumento, el típico de papá noble busca burgués rico para casar a guapa y joven hija pero al final todo le sale al revés.

La escenografía y el vestuario son de Robert Innes Hopkis, la dirección de escena de Danel Slater y la musical de Dmitri Jurowski (no confundir con su hermano), una producción del Festival de Glyndebourne 2006. Toda la acción, muy divertida -con esas situaciones de enredos y equívocos inverosímiles que se dan en la ópera bufa- se enmarca en la embocadura de un escenario de la época en la que transcurre la acción y los cambios entre los distintos cuadros están resueltos con gran economía de medios, rapidez y magníficos resultados, destacaría la inspiración en los cuadros de Goya para las escenas de carnaval, era como si los cuadros del aragonés hubieran cobrado vida. El público se lo ha pasado en grande, se han escuchado risas varias veces durante la representación, y eso quiere decir mucho cuando lo que se ofrece es una ópera en ruso. Los cantantes, la mayoría rusos, son prácticamente los mismos que los que estrenaron la producción en Glyndeboune, han estado todos a un gran nivel, sobre todo Voynarovski como Don Jerónimo, Matorin como Mendoza, Durseneva como La Dueña, Venteslav Anastasov como Don Carlos y Ljubov Petrova como Luisa, con un timbre muy puro y limpio y buena proyección vocal. En definitiva, un magnífico espectáculo que a mí se me ha pasado volando.