Ayer quedó demostrado que una buena dirección escénica puede salvar toda una representación. Se estrenaba en el Palau de les Arts Il mondo della luna de Haydn. Durante todo el día me había asaltado la duda sobre si, dada la jornada reivindicativa que vivíamos ayer, tendríamos o no función de ópera esa tarde, el personal, orquesta y cantantes no se sumaron a la huelga pero antes del comienzo de la función dos miembros que dijeron pertenecer a la comisión de igualdad del Palau de les Arts leyeron un comunicado en defensa de los derechos de la mujer y contra la violencia machista. La verdad es que me daba mucha pereza aguantar una ópera de Haydn que se me había atragantado tres veces al intentar escucharla en casa, más todavía al ver la duración que marcaba el programa de mano, 2 horas y 50 minutos, y la pereza estaba justificada, aunque la ópera tiene algún aria, dúo o número de conjunto de grata escucha y momentos orquestales muy interesantes y disfrutables en conjunto es muy pesada y monótona. Los cantantes que, salvo la intérprete de Lisetta, pertenecen al Centro de Perfeccionamiento se movieron dentro de un nivel de corrección general, sin que hubiera grandes pifias y sin que nadie destacara especialmente, la dirección también me pareció correcta, muy divertida la intervención de parte del Cor de la Generalitat, precisamente fue el director de escena, Emilio Sagi, el principal responsable de que esto fuera así. Su propuesta es muy imaginativa y, aunque traslada la acción a momentos recientes, muy fiel al libreto de Goldoni, no chirría en ningún momento, destaca sobre todo la escenografía que ha preparado Daniel Bianco para los actos segundo y tercero, con una gran escalinata que se despliega al final del primer acto y que da lugar a la irrupción de un mundo lunático de fantasía que recuerda al musical o la revista, plagado de momentos imaginativos y divertidos, como esos boys del coro bajando las escaleras y toda una serie de recursos inagotables (globos negros cayendo del cielo, bolas de discoteca, sillas de corazones, labios o piernas...). Estupendos también junto a dirección escénica de Sagi y coreografía de Nuria Castejón, el colorista vestuario de Peja Ojanguren y la iluminación de Albert Faura. La inteligencia al servicio de la ópera.
viernes, 9 de marzo de 2018
domingo, 4 de marzo de 2018
maac-chorrada: ¿Y el mejor dúo soprano-tenor de Verdi?
El otro día puse la que pienso que podría ser la mejor aria escrita para soprano por Verdi, lo que es más que un atrevimiento por mi parte, y hoy (o ayer porque escribo esto a las dos de la mañana), como era sábado y no tenía nada más importante en lo que pensar, lo que es de agradecer, he estado todo el día dándole vueltas a cuál es el mejor dúo entre tenor y soprano compuesto por Verdi, En realidad ha sido un pensamiento que me ha venido de forma intermitente, dos o tres veces, y que no ha sido hoy la primera vez que ha aparecido, lleva ya unos días yendo y viniendo, así que para quitármelo del medio, porque decidir cuál es el mejor dúo es una estupidez, y de las grades, he decidido escribir una entrada en el blog. Seguro que así logro dar por zanjado el asunto y dedicarme a otra bobada. Menos problemas tengo si hay que decidir entre soprano y barítono, en ese caso La traviata tiene todos los números. Por lo tanto, la autoasamblea de maac-jaras ha decidido que, con perdón de Radamés-Aida, Elisabetta-Carlo, Gilda-Duca, Alfredo-Violetta y Otello-Desdemona, el mejor dúo está en el segundo acto de Un ballo in maschera. De todos los personajes verdianos que interpretó Pavarotti me quedo con el de Riccardo en Un ballo, acompañado magníficamente en este explosivo dúo por la poco conocida soprano Gabriele Lechner con dirección de Abbado, por cierto que Pavarotti actoralmente está menos mal que de costumbre:
lunes, 19 de febrero de 2018
ARIAS FAVORITAS - "Ombra fedele anch'io" de Riccardo Broschi.
El compositor napolitano Riccardo Broschi no nos suena mucho, pero seguro que nos suena un poco más si decimos que es el hermano del mítico castrado soprano Farinelli, Carlo Broschi. ambos hijos del compositor Salvatore Broschi. Ricardo estudió composición en el Conservatorio de Santa Maria di Loreto, en Nápoles. No conozco íntegramente ninguna de sus óperas pero parece ser que no fue un gran compositor y que vivió durante bastante tiempo a la sombra del hermano, quien estrenó muchísimas de sus obras. Riccardo estuvo con Farinelli en Londres y, al final de su vida, en Madrid, donde Farinelli, que tenía 7 años menos, había entrado al servicio de Felipe V con objeto de curarlo de la depresión mediante su canto. Es posible que la decisión de castrar a Carlo la tomara su propio hermano Riccardo, con objeto de liberar a la familia de tensiones económicas, tras el fallecimiento del padre de ambos con 36 años de edad, aunque la tradición dice que Carlo fue castrado forzosamente tras una caída de un caballo, desde luego no sé cuál de las dos versiones es real pero es más romántica la segunda.
Hoy en día lo conocemos musicalmente gracias a la película Farinelli, il castrato de Gérard Corbiau, en ella hay un momento en el que Farinelli aparece desde lo alto del escenario subido a una carroza tirada por dos animales mitológicos luciendo una especie de casquete adornado con grandes plumas de colores y entona un aria compuesta por su hermano para la ópera Idaspe, se trata de "Ombra fedele anch'io"; el aria ciertamente se despliega en una melodía bellísima, como era habitual es da capo por lo que tiene una sección central contrastante y resulta ideal para lucimiento de la voz del cantante de turno, al que exige especial destreza en su ejecución con gran control de la respiración, el legato, el uso de portamentos, regulaciones de intensidad y agilidades como trinos, escalas... en definitiva: imaginativas variaciones sobre todo en el da capo a gusto de la mezzosoprano o el contratenor, que son las voces a las que hoy se les suele encomendar interpretar los papeles escritos para castrado. También es conocida este aria por formar parte del magnífico disco que la estadounidense Vivica Genaux y René Jacobs realizaron en los primeros años de este siglo en homenaje al castrado y que se titulaba Arias for Farinelli, en este disco las ornamentaciones no fueron libres sino previamente escritas por René Jacobs; pero antes que la película y que el disco dedicado a Farinelli ya había recuperado el aria la mezzosoprano también estadounidense Frederica von Stade, con más intuición que estilo barroco, sobre todo en el apartado orquestal, en un recital para Decca a finales de los años setenta del siglo XX bajo el título Italian Opera Arias, no tengo noticias de que se haya grabado antes, sí de otros cantantes que la han grabado después como Ann Hallemberg.
Os voy a dejar las tres primeras opciones citadas, la de la película que hace una pequeña trampa al utilizar la mezcla de una voz de soprano (Ewa Malas-Goldewska) y otra de contratenor (Derek Lee Ragin) y así conseguir un efecto que pudiera recrear lo que pudiera ser la voz de un castrado, es pura ficción; la de Vivica Genaux con Jacobs, muy cuidada en lo orquestal e intentando diferenciar ornamentalmente el da capo de la primera parte del aria; y la de Von Stade por la belleza tímbrica e innata musicalidad de la mezzo que utiliza tiempos más ligeros y que en conjunto, y a mi modo de ver, es más expresiva y elegante que las anteriores.
Ombra fedele anch'io
Sul margine di lete
Seguir vo' l'Idol mio
Che tanto adoro,
Che bella pace e questa
Che a consolar sen resta
Il mio martoro.
"Ombra fedele anch'io" pertenece a la ópera Idaspe, cuyo papel principal fue desempeñado por otro célebre castrado de la época, Nicola Grimaldi, más conocido como Nicolino, mientras que Farinelli interpretaba el papel de Dario, que es quien canta el aria tras sentirse despreciado por su enamorada cuando ésta le confiesa que su deseo es ser reina y para ello debe casarse con Artaserse; es por lo tanto un canto triste, un desesperado lamento que viene a decir que sólo en la muerte encontrará la paz. Seguramente sirvió para resaltar la suficiencia del registro grave del castrado, teniendo en cuenta que, dentro de los castrados, Farinelli era soprano. A mí me llama la atención la presencia entre los instrumentos de los cuernos de caza, instrumento que lo he visto varias veces utilizado en el barroco en arias da caccia, entre ellas, y como ejemplo, la genial "Va tacito e nascosto" de Giulio Cesare.
martes, 13 de febrero de 2018
¿Cuál es la mejor aria para soprano de Verdi? - maac-chorrada 1/2018
Esto está al borde de la maac-chorrada, el caso es que yo lo tengo clarísimo y para mí es indiscutible porque es la que más me gusta y no hay más que hablar, la mejor aria de Verdi para soprano está en Il trovatore y es "D'amor sull'ali rosee... Tu vedrai che amore in terra", con Miserere y cabaletta incluída por supuesto, y no lo pienso defender porque el aria se defiende sola, no hay más que escuchar.
Mis Leonoras son tres: Callas, Gencer y Caballé así que voy a poner la tres, aunque si soy totalmente sincero hay una y luego están dos más, jajaja. Al final esto ha terminado siendo una maac-chorrada como un piano así que cambiaré el título.
sábado, 3 de febrero de 2018
Un Peter Grimes humanizado - Palau de les Arts, 1 de febrero 2018
Uno no entiende que se estrene Peter Grimes por primera vez en Les Arts y el teatro esté medio vacío cuando piensa que es una de las óperas más importantes que nos ha dado el siglo XX por su perfección dramática y una calidad musical que hace converger lo moderno con lo tradicional, pero así son las cosas, no está cantada en italiano y seguramente el hecho de pertenecer al siglo XX asusta a la masa que es poco dada a arriesgarse, pero una vez más se equivoca, como se equivocan los habitantes del Borough en la ópera de Britten según la lectura que ofrece el alemán Willy Decker. Si Britten deja algún lugar a la duda, quizás por empeño de Slater, el libretista, Decker lo deja bien claro desde el principio, su Grimes aparece en escena apesadumbrado portando el ataúd de su aprendiz, más tarde acariciará a su último aprendiz, que lo abraza; es un hombre víctima de una sociedad que va a la caza del hombre que no se adapta a las convenciones establecidas, el único problema de esta lectura es que conduce de alguna manera a la justificación del maltrato y eso, hoy en día, nos chirría bastante, pero igual me equivoco y el tema caricias va entroncado con el de la pederastia. La lectura de Decker funciona muy bien pero os voy a decir una cosa: Peter Grimes es una ópera que por sí sola funciona muy bien, los personajes están perfectamente caracterizados y la música traduce a la perfección tanto el ambiente como las situaciones dramáticas que se dan en cada momento, es fácil poner en escena Peter Gimes, sólo tienes que dejar que todo se desarrolle conforme lo ha previsto Britten, tampoco es que haya que restar méritos a Decker que pone todo en práctica con sobresaliente incluso tomándose algunas licencias, la principal es que acentúa el fanático pensamiento único religioso. La escenografía y el vestuario de John Macfarlane son muy austeros, oscuros y minimalistas (cuando se estrenó la producción en los noventa era algo en pleno apogeo, ahota también se lleva pero está más que vsito), de indudable belleza plástica, que es realzada por la iluminación y cierto expresionismo creado al situar los personajes en un plano inclinado, sobre todo en la escena en la cabaña de Peter. Pero hay cosas que no entiendo, cuando Grimes dice "ayudadme a arrastrar el bote", no dice a aguantar la cuerda, ¿tanto cuesta arrastrar el bote en vez de estar ahí parados sujetando una cuerda? Son tonterías pero por culpa de estas tonterías muchas veces me desconcentro y salgo de la acción dramática.
El tenor Gregory Kunde, asiduo visitante a Les Arts, debutaba el papel principal en escena, lo hizo en versión concierto hace cinco años en Roma con dirección de Pappano, circulan por ahí grabaciones gracias a que se retransmitió por televisión, no hay más que visitar Youtube para comprobarlo, entonces fue una grata e inesperada sorpresa, hoy ya no lo es tanto, ya hemos asistido con anterioridad a importantes cambios en el repertorio del que fuera tenor rossiniano. La salud vocal del tenor puede que estuviera mejor en Roma, en todo caso hace un buen retrato de Grimes, una tercera vía, no es el psicópata que mostraba el monolítico Vickers ni es tan atormentado como el de Pears, lleno de contrastes, supongo que algo tendrán que ver en ello las directrices de Decker, pero en un plano exclusivamente vocal también van por ahí los tiros. Temía que, como tiene un timbre tan característico y lo hemos visto tanto últimamente por aquí, viera más al cantante que a Grimes, pero no fue así, resulto totalmente convincente pero algo plano en lo dramático, curiosamente en los agudos le salió su vena más ligera. Para mí fue lo mejor de la noche junto con algunos momentos gloriosos que nos proporcionaron los músicos de la orquesta.
El capitán Balstrode estuvo correctamente servido por Robert Bork, su timbre es atractivo pero su estilo de canto no me lo pareció tanto, y hemos llegado al talón de Aquiles de este Peter Grimes. Es cierto que la interpretación y dirección de actores está muy bien pero nadie dio la talla a la hora de cantar, porque, señores, Britten se canta, y en Peter Grimes hay melancolía y hay lirismo, hay melodías, señores y, sobre todo, señoras cantantes, y el que no se lo crea que recurra a la versión que dejó grabada el propio Britten y lo comprobará. Leah Patridge como Ellen Orford, la viuda y maestra, no tiene un timbre muy atractivo y sus agudos son gritados, careció de lirismo en los momentos más melancólicos; Dalia Schaechter, no despertó en mí el menor interés, es un personaje que tiene una vis cómica al que no lo va mal un ligero histrionismo que en la interpretación de Schaechter estuvo ausente; correctas estuvieron sus sobrinas, alumnas del Centro de Perfeccionamiento; el metodista, que interpertaba el tenor Richard Cox, no destacó precisamente por su hermoso timbre, tampoco es algo que le vaya mal a este personaje; sin embargo estuvieron bien Charles Rice como el boticario Ned Keene y Lukas Jakobski como el cochero Hobson, decepción total con respecto a Rosalind Plowight, la conocía por algunos discos que dejó grabados cuando era soprano, su impostación fue nula en un personaje, el de la obsesiva viuda Sedley, al que se le puede sacar mucho más partido.
Peter Grimes es una ópera en la que el coro es importantísimo, está presente en todo momento, es el antagonista de Grimes, la masa, y sus intervenciones plantean muchísimas dificultades, es un auténtico reto, el Cor de la Genrealitat me ha gustado menos que otras veces, lo encontré demasiado desmadrado, sin control alguno del volumen como si Britten hubiera plagado la partitura de fortísimos (confieso que no me he tomado la molestía de comprobarlo), notar un poquito más de contraste entre los diferentes grupos de voces hubiera estado bien. En todo caso hay que reconocer que nos tienen acostumbrados a un nivel de calidad tan alto que cualquier desajuste lo magnificamos, ya quisieran en otros teatros que reciben grandes subvenciones del Estado tener este coro. Excelente la orquesta, no así la dirección de Christopher Franklin, bien por la firmeza con la que dirige, mal porque parece que para este director todo Grimes es abrupto, como si quisiera destacar las aristas de la partitura, pero vuelvo a repetir que en Grimes hay muchos momentos expansivos, melancólicos, que no fueron realzados debidamente.
A pesar de todo lo que no me gustó tengo que reconocer que se me pasó el tiempo volando y disfruté muchísimo de la obra de Britten, una auténtica joya. Afortunadamente asistiré a más representaciones.
ACTUALIZACIÓN. En la función del sábado 10 de febrero todo ha cambiado a mejor. He encontrado mayor equilibrio de volumen entre orquesta y coro, todo más transparente. Y a Kunde con el papel más interiorizado, más suelto y matizado que en el estreno.
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lunes, 29 de enero de 2018
SACA LAS TIJERAS, ERNESTO, QUE YO NO PUEDO CON ESTO - Werther de Massenet
Hay momentos de algunas óperas que se me hacen odiosos, por breves que sean se me hacen insoportables hasta el punto de desear tener unas tijeras y hacerlos desaparecer, si no de la partitura, al menos de las representaciones, y entre todos esos fragmentos hay uno que nunca escucho, tengo la suerte de que está al principio de la ópera, apenas dura dos minutos y suele ser la pinta núm. 2 del primer CD, así que normalmente comienzo a escuchar a partir de la pista 3, se trata del coro de seis niños ensayando un villancico al principio de Werther de Massenet. El texto que cantan les enfants es el siguiente:
Noël! Noël! / Jésus vient de naître / Voici notre divin maître / Rois et bergers d'Israël! / Dans le firmament / Des anges gardiens fidèles / Ont ouvert grandes leurs ailes / Et s'en vont partout chantant: /Noël!
La letra no tiene nada de particular, es una letra típica de Navidad que nos sitúa en un momento determinado del año al comenzar la ópera, estamos en Navidad, ha nacido Jesús, conoced la buena nueva, los ángeles lo anuncian. El origen de mi animadversión se encuentra en la misma música de Massenet y esos seis niños berreando: Noël, Noël, Noël... Al principio se supone que deben desafinar y después se corrigen al pensar que Charlotte, la encantadora y abnegada protagonista femenina de la ópera, les está escuchando. Pero ni afinados ni desafinados, no puedo con ellos. Y para más desgracia Massenet los vuelve a meter justo antes del final con toda la tensión del momento, a veces el director musical tiene la delicadeza de hacer que en los últimos compases de la ópera los niños pasen casi desapercibidos y suenan lejanos, lejanos, es de agradecer.
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